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DR. GUILLERMO A. HERMO* La oncología veterinaria avanza en el mundo más rápido de lo que podamos imaginar.
En lo personal, comencé a estudiar el tema allá por el año 2000, meses antes de recibirme como médico veterinario. Hoy, con el paso del tiempo, los avances son notorios, evidenciándose un importante crecimiento en los últimos 5 años, reforzados en base a las tendencias actuales.
Por medio de viajes y pasantías de perfeccionamiento en el exterior, he podido imitar / adaptar tratamientos / manejo de grandes centros oncológicos de referencia a las posibilidades y contexto en el cual se localiza mi veterinaria. Más allá de las diferencias lógicas que podamos encontrar, es clave tener en cuenta que uno siempre puede tomar acciones y conceptos positivos para mejorar el trabajo diario en la especialidad.
En definitiva y más allá del verdadero reto que implica acompañar las tendencias globales, no hay dudas en cuanto a que vale la pena intentarlo. De hecho, cuando inicié mi experiencia en la oncología veterinaria, las únicas herramientas con las cuales contábamos en Argentina estaban ligadas a la realización de un buen diagnóstico y estadificación clínica, para luego desarrollar una cirugía que siguiera el protocolo quimioterápico.
Vale decir que, si bien la cirugía sigue siendo la “piedra angular” en la mayoría de los cánceres, han surgido muchas otras alternativas, algunas de las cuales compartiremos a continuación.
Si bien algunas de las siguientes prácticas son conocidas, la verdadera novedad está dada por su efectiva puesta en práctica. Por ejemplo y en el caso de las áreas diagnósticas podemos decir que la RMN o TAC ya se realizan “de rutina”.
Por su parte, la Citometría de flujo (para inmunotificación) y la PARR (Polymerase Chain Reaction for Antigen Receptor Rearrangement) para clonalidad, se emplean rutinariamente para linfomas, aunque también en otros tipos de neoplasias. En los casos de linfomas estas técnicas muchas veces son complementarias en casos dudosos, inclusive en aquellos en los que la histopatología tampoco puede definirlo. La citometría de flujo identifica el origen, mientras que la PARR, dilucida si esa célula es neoplásica o inflamatoria.
Ya en relación a los tratamientos podemos decir que se ha avanzado sustancialmente en aquello que se denomina Oncología Intervencionista. Las terapias mínimamente invasoras suponen una nueva esperanza para las mascotas con cáncer. Hoy un tumor en encéfalo -o un reemplazo vertebral a causa de una neoplasia que afecte esas localizaciones- no es algo tan extraño. Algunas variantes dentro de esta modalidad podrían ser:
• Cirugías y radioterapia estereotaxicas: Se mapea y localiza la neoplasia en forma tridimensional; se trabaja en ese lugar específico a “ciegas”.
• Técnicas de ablación percutánea: Se actúa sobre el tejido del tumor, usando radiofrecuencia, calor, electricidad, gases fríos o alcohol para matar células neoplasias.
• Embolización intra-arterial: Puede bloquear el suministro de sangre con algún material biodegradable introducido a los principales vasos sanguíneos del tumor. Esta técnica es muy utilizada en tumores hepáticos y carcinomas uroteliales.
• Quimio – embolización: Se combina la técnica anterior con la administración de fármacos quimioterapéuticos.
• Radio – embolización: Se inyectan partículas microscópicas y radioactivas al tumor.
• Quimioterapia intrarterial: Se administra la dosis del fármaco quimioterapéutico directamente al tumor. Por ejemplo, inyectando quimioterápicos en la arteria carótida para neoplasias cerebrales.
• Uso de permeabilizante en barreras naturales: Diversos órganos están cubiertos por barreras naturales, las cuales impiden la llegada de ciertas drogas quimioterápicas. El cerebro es uno de ellos. El uso de manitol por un tiempo determinado, previo a la quimioterapia, permite la mayor llegada de ciertas drogas al lecho tumoral. Administradas de otra manera, esta llegada no sería posible.
• Utilización de stent: Esto ha demostrado mejora en los tiempos de sobrevida y calidad de vida en muchos perros y gatos con enfermedades oncológicas. Su uso principal radica en afecciones oncológicas comprensivas. Por ejemplo: obstrucción del conducto biliar, uréteres, uretra, etc.
• Liberación sostenida de quimioterápicos: Utilización de sustancias biodegradables embebidos en drogas quimioterápicas en el lecho tumoral.
En muchos casos se usa una combinación de estos métodos para aumentar el efecto antitumoral. Algunas técnicas incluyen a su vez, terapias regionales guiadas por técnicas de imágenes.
Más allá de esto y tomando en consideración las nuevas tendencias en cuanto a normas de trabajo generales, en todos los centros oncológicos veterinarios se cumple con las guías internacionales publicadas. Algunas de ellas son:
• Recommended guidelines for submission, trimming, margin evaluation, and reporting of tumor biopsy specimens in veterinary surgical pathology.
• Recommended guidelines for the conduct and evaluation of prognostic studies in veterinary oncology.
• Response evaluation criteria for solid tumours in dogs (v1.0): a Veterinary Cooperative Oncology Group (VCOG) consensus document.
• Response evaluation criteria for peripheral nodal lymphoma in dogs (v1.0)–a Veterinary Cooperative Oncology Group (VCOG) consensus document.
• Veterinary cooperative oncology group – common terminology criteria for adverse events (VCOG-CTCAE) following chemotherapy or biological antineoplastic therapy in dogs and cats v1.1.
Al hablar del equipamiento, buena parte de los centros de referencia cuentan con su propio equipo de radioterapia, utilizando -la gran mayoría- aceleradores lineales en lugar de equipos de cobalto. Por ejemplo, una clínica clásica dedicada a oncología veterinaria cuenta con las siguientes áreas y servicios: consultorios, administración, farmacia, sala de quimioterapia, sala de radioterapias, quirófano, laboratorio, RX digital, RMN o TAC (incluso algunos centros cuentan con ambos), citología, servicio de inmunohistoquimica y de citometría de Flujo / PARR, ultrasonido y especialistas en nutrición.
Si nos referimos a los ensayos clínicos, podemos asegurar que tanto en los Estados Unidos, como en Europa los propietarios de animales se “desesperan” para que sus mascotas sean aceptadas en un ensayo clínico destinado a la oncología, los cuales pueden ser dirigidos por universidades, clínicas privadas y organizaciones protectoras de animales, etc.
Las personas ven esto como una nueva oportunidad para su mascota… cuando todos los tratamientos han fallado e incluso sabiendo que probablemente estos también lo hagan. Tienen presente los conocimientos que los estudios generarán y cómo impactarán en la vida de otros animales con cáncer. Se pueden encontrar ejemplos en: vetcancertrials.org.
En base a experiencias personales y de diversos colegas de nuestra región, podemos hablar de un manejo práctico similar sobre el cual aún resta mucho camino por transitar. Quizás podamos destacar a Brasil como el mejor organizado en materia de oncología veterinaria, entre otras cosas por disponer de una asociación específica: ABROVET. A su vez, este país fue seleccionado para –en mayo de 2016- ser sede del prestigioso congreso mundial sobre la especialidad, organizado por la European Society of Veterinary Oncology (ESVONC) y la Veterinary Cancer Society (VCS).
Respecto de los ensayos clínicos, en América Latina sucede casi lo contrario a lo expresado para los países desarrollados: no hay participación de la sociedad e incluso los investigadores pueden tener confrontaciones con asociaciones protectoras si avanzaran en el tema.
Entiendo que en nuestro país el avance de la oncología veterinaria también ha sido importante, con grandes desafíos por delante. Lejos de lo que ocurre en CABA y el Gran Buenos Aires, vale destacar el notable incremento de profesionales que se dedican a la especialidad en diversas provincias, como –por ejemplo- ocurre en el caso de la ciudad de Rosario (Santa Fe) con la Dra. Laura Peruzzo de Navile, directora de un centro de radioterapia que maneja costos sumamente accesibles para sus pacientes y clientes.
Nunca debemos perder de vista que si bien existen acciones económicamente complejas de poner en práctica, también hay otras más sencillas para las cuales solo se requiere orden, voluntad y conocimiento (trabajar con las guías establecidas comentadas anteriormente).
Por último, vale un comentario respecto de la cantidad de colegas que recomiendan la eutanasia ante un caso de cáncer, no dando opciones, ni explicando las posibilidades de tratamiento que existen actualmente. En ello, será clave recordar que en oncología el objetivo no es “curar el cáncer”, sino muchas veces apostar por una cada vez mayor y mejor calidad de vida.
*El autor es titular de Clínica Veterinaria del Sur, ubicada en 9 de Julio 3875, Lanús Este, Buenos Aires.
