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SUSCRIBITEDesde hace un tiempo, este medio propicia cambios profundos en distintas áreas del rubro de la sanidad y productividad animal, con especial énfasis sobre los mensajes que se construyen y las falsas creencias que se consolidan en relación a diversos temas.
«Para que las cosas se hagan tengo que estar yo». «Las nuevas generaciones no se comprometen». «A los veterinarios no les gusta vender». Estas y otras frases parecen haberse hecho carne en los discursos y las acciones de muchos de quienes lideran las opiniones en el sector, impidiendo avances reales en relación a los potenciales que se perciben.
Comprendiendo la importancia del tema, en el Décimo Segundo Aniversario de MOTIVAR los asistentes pudieron escuchar a la Lic. en Psicopedagogía de la Universidad del Salvador, Marina Olabarrieta.
Tras compartir comentarios alusivos a cómo muchas veces se deja en manos de terceros la posibilidad de cambio y hasta una charla TED que dio pie a una serie de conceptos, Olabarrieta profundizó: «Hay algo paradójico en el tema de los cambios: nos atraviesan a todos; no podemos evitarlos, son constantes y los vivimos a diario», explicó.
Para acceder al audio de la presentación llevada adelante por Marina Olabarrieta, deberán ingresar en hablandodelonuestro.com.ar, introducir el apellido de la especialista en el buscador de la Web y así acceder al artículo específico.
En este punto, Olabarrieta avanzó sobre la «zona de confort» de las personas. «Es allí en donde nos sentimos cómodos, seguros y dominantes: el riesgo allí es nulo. Sin dudas que podría ser mejor, pero….».
Según la expositora, el primer obstáculo natural tiene que ver con que todos ansiamos un sentido de consistencia. «Pasamos casi un 95% de nuestra vida pensando, sintiendo y haciendo lo mismo. Estamos llenos de hábitos que exceden a las rutinas: los tenemos también para encarar las discusiones, para relacionarnos con los otros», explicó. Y avanzó: «Ahí empezamos a entender que para poder cambiar tenemos que romper los hábitos. Caso contrario, generamos movimientos superficiales de conducta y poco más». Un dato interesante estuvo ligado al marco de la neurociencia: quedarnos en una zona de confort tiene que ver con la necesidad del cerebro de ahorrar energía. «Si tuviéramos que pensar todo el tiempo cómo hacer las cosas, nos volveríamos locos», agregó.
«Es por esta fuerza ligada al ahorro de energía que decimos que el cambio es algo intencional, consiente y que debe ser voluntario. Solo así podremos modificar patrones (mapas mentales) pre establecidos, por medio de los cuales actuamos, vivimos y sentimos», reforzó.
Olabarrieta explicó de qué manera muchas de las hipótesis que las personas generamos terminan «convirtiéndose» en verdades absolutas, cada vez más difíciles de modificar. «Allí es cuando elegimos la zona de confort antes de apostar por modificar el pensamiento: los cambios tienen que ver con lo que uno cree y con lo que uno siente», puntualizó. Y avanzó: «Cada información que llega al cerebro se compara con mapas mentales existentes; así es como generamos circuitos -patrones- por medio de los cuales generamos creencias que actúan como filtros. Son esos filtros los que nos impiden cambiar».
Finalmente, sostuvo: «Uno suele pensar que si no logra el resultado esperado, debe cambiar el comportamiento, generando cambios superficiales y, por ende, los mismos resultados. Los cambios verdaderos tienen que ver con romper hábitos y creencias ya instalados en nuestra mente».
