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SUSCRIBITEA lo largo de las disertaciones realizadas en la jornada de Tandil, los asistentes también pudieron escuchar la del Ing. Agr. Osvaldo Spina, quien se refirió a la metodología de trabajo empleada por uno de los tambos que el grupo GELAS asesora: La Esperanza, ubicado en la localidad bonaerense de Lezama.
El profesional remarcó que el establecimiento divide su superficie entre las actividades del tambo propiamente dicho (49%), la recría de bovinos (37%) y agricultura (el porcentaje restante).
«Cerca del 50% del campo destinado a la producción de leche dispone de alfalfa, complementándose con un 40% de ray grass y una mínima superficie de campo natural», explicó.
Allí se dispone de con un total de 114 vacas, de las cuales 99 se encuentran en ordeño.
La producción diaria ronda los tres mil litros; mientras que la misma -medida por vientre- supera levemente los 30 litros.
¿Los litros por hectárea? En el último ejercicio fueron superiores a los 20.500.
«Esta explotación es un ejemplo de continuidad en el negocio debido a que supieron sortear las crisis, redoblando la apuesta».
En este punto, el especialista se refirió a los parámetros productivos que se aprecian en los gráficos que complementan el artículo y también a otros, intangibles.
Es que con una larga trayectoria en el negocio, los integrantes de la familia propietaria del tambo viven allí desde hace más de 50 años, ocupándose personalmente de su destino.
Si bien existe entre ellos una clara división de funciones, evidencian también una favorable tendencia hacia la incorporación de asesoramiento externo.
«Esta empresa muestra una fuerte preocupación por cuidar el capital vaca», explicó Spina al tiempo que profundizó: «Vemos que a media que la producción se intensifica, se perciben mayores problemas sanitarios».
Y agregó: «Al analizar las ventas de hacienda, cada vez cobran más importancia conceptos como acidosis, tuberculosis, leucosis e inconvenientes en patas u ojos.
También empiezan a ser relevantes las causas de muertes y de allí surge lo trascendental de la apoyatura del equipo de médicos veterinarios con que se cuenta».
¿Qué equipo? Aquí es donde comenzamos a introducirnos en el fascinante mundo de los intangibles que permiten lograr los resultados mencionados.
Es que más allá del asesoramiento de Spina, La Esperanza cuenta con un grupo de cinco veterinarios especialistas en distintos rubros: protocolos, vaca fresca e IATF; sanidad y reproducción; asesoramiento sanitario general, corrección de patas y mastitis.
A la hora de graficar la importancia de ellos, el disertante sostuvo: «Para el caso de las mortandades en recría, en 2008 el porcentaje de terneros muertos era del 15% del total de los nacidos, mientras que en 2009 bajó a 9%, en 2010 a 8%, y llegó al 6% en el último ejercicio».
Otro dato interesante: el margen bruto de la empresa para 2011 casi triplica al promedio logrado por la soja en esa zona.
Quizás por eso una de las frases de cabecera de los propietarios de La Esperanza sorprendió a los asistentes: «Aún no hemos encontrado el techo de producción y ese es uno de los motores que nos animan a seguir creciendo», dicen.
Por el contrario y lejos de las sorpresas, Spina sostiene: «Todo esto es fruto de mucho sentido común, constancia en el trabajo, talento, pasión, decisión, autocrítica y sudor.
Además, están convencidos de la importancia de conformar buenos equipos de asesoramiento técnico».
Si que se puede.

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