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De la estadística al campo

30 de junio de 2010 - 23:05

» Gran parte de las mujeres veterinarias recibidas tiempo atrás con la idea de desarrollar su actividad profesional en bovinos comienza a dejar su huella a nivel nacional. Aquí, un pequeño homenaje.

Por Luciano Aba

 

Dra. Silvina Sarachu Irigoin. Dra. Silvina Sarachu Irigoin.

La tendencia se consolidó: las distintas facultades de Ciencias Veterinarias de nuestro país reciben un número cada vez mayor de mujeres en sus cursos de ingreso. Pero esto no es todo ya que, contrariamente a lo que ocurría tiempo atrás, parte de estas alumnas culminan especializándose en cuestiones ligadas a las actividades de campo orientadas a bovinos de carne y leche.
Si bien es cierto que desde hace años las mujeres veterinarias ocupan un destacado lugar en aquellas situaciones prácticas vinculadas a los animales de compañía y al diagnóstico en laboratorios de análisis, comienza a resaltarse también su presencia en la clínica de grandes animales.
Comprendiendo esta situación y resaltándola como un punto a tener en cuenta de cara al desarrollo a futuro de la profesión, entrevistamos a tres veterinarias que actualmente se desempeñan en distintas regiones de nuestro país.
En este sentido, tanto la Dra. Lourdes Cardona, como María Pía Montone y Silvina Sarachu Irigoin reconocen la importancia de demostrar toda su capacidad en cada uno de sus trabajos, a fin de evitar cualquier tipo de diferenciación respecto del trabajo que, hasta hace un tiempo, era exclusiva responsabilidad de los hombres.
«Nos prueban hasta que nos ven trabajar y asumen que estamos capacitadas para hacerlo como corresponde», coinciden.  

¿Y adónde está el doctor?

Dra. María Pía Montone. Dra. María Pía Montone.

Lourdes Cardona es egresada de la Universidad Nacional del Nordeste, institución de la cual se recibió de médico veterinaria en 1989. «Si bien en ese momento la Facultad no nos brindaba la posibilidad de especializarnos, luego de realizar mi residencia en el INTA Balcarce, quedó bien en clara mi inclinación hacia el trabajo a campo, con los bovinos», nos comentó una de las propietarias de Agropecuaria Norte, veterinaria ubicada en General San Martín, provincia del Chaco.
Con esto en claro, Lourdes y su marido (también veterinario) abrieron las puertas del local en 1992, orientándose básicamente hacia la parte de comercialización de forrajes y productos veterinarios.
Hoy en día, ofrecen servicios de clínica y cirugía para grandes y pequeños animales, así como también de reproducción y nutrición, entre otros.
«Trabajamos con productores medianos (500 cabezas cada uno, en promedio), los cuales han comenzado a tomar conciencia de la importancia de invertir en la sanidad de su hacienda en base a los mejoramientos genéticos que el rodeo de esta zona ha recibido en los últimos años. Independientemente de esto, debemos seguir haciendo hincapié en la necesidad de contar con nuestro asesoramiento. Por nuestra ubicación, realizamos muchos trabajos relacionados con la tristeza bovina», nos explicó la profesional nacida en Formosa.
A la hora de referirse al modo en que logró insertarse laboralmente, Cardona recuerda simpáticamente los momentos en los cuales los clientes preguntaban por «el doctor» (su marido), independientemente de las respuestas que ella pudiera darles. 
«Me recibí a los 22 años y a los 24 ya estaba trabajando. Costó romper con algunas barreras culturales, pero una vez que logré demostrar mi capacidad la situación cambió y hoy en día me vienen a buscar directamente a mi».
El tiempo pasa y los productores parecen haberse habituado a que las mujeres también pueden asistirlos con los tactos, las vacunaciones, necropsias y las cesáreas de sus animales. Sin embargo, existen algunas situaciones en las cuales aún hoy se suelen mantener un trato diferencial. 
«Se trata de cuestiones en las cuales muestran cierto pudor al hablar. Fundamentalmente me refiero a las acciones que tienen que ver con la reproducción de los animales machos, por ejemplo. Ya se han acostumbrado, pero al comienzo les costaba hablar conmigo sobre infecciones de prepucio, etc», recuerda Lourdes.

Un poco de historia
Revisando la bibliografía nacional, nos encontramos con que la primera mujer veterinaria de nuestro país fue Amalia Pesce de Fagonde, quien egresó de la Universidad de Buenos Aires entre 1936 y 1937.
Pero este no fue el único logro de Pesce de Fagonde ya que, más allá de haber tardado diez años en recibirse, en aquellos tiempos también se convirtió en la primera médico veterinaria de Sudamérica.
Según se sabe, en sus inicios la profesional se dedicó a la microbiología, trabajando también en la sección Patología Animal, del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Allí creó el primer Laboratorio de Anaerobios.
Obtuvo una beca para estudiar en París, Francia, a cuyo regreso se especializó en sueros vacunos. En 1955 fue reintegrada como jefa del Laboratorio de Anaerobios. Trabajó en el INTA y en el Servicio Nacional de Sanidad Animal (Senasa), para jubilarse en 1982. Falleció en 1985, en Buenos Aires.

Un tema también importante en el crecimiento profesional de las mujeres veterinarias está obviamente vinculado a la familia.
«Nuestro hijo me ha acompañado muchas veces al campo a cubrir una urgencia.
Tanto él como nuestros clientes comprendieron la situación desde siempre.
Si bien es una profesión muy demandante en cuanto a horarios y disponibilidad, junto con mi marido hemos sabido adaptaron para desenvolvernos con naturalidad», comentó Cardona.

Los primeros pasos
Minutos antes de arribar a la entrevista que habíamos pautado, la Dra. María Pía Montone había estado realizando unos sangrados en un campo cercano a Bedatou y Asociados, empresa de servicios veterinarios ubicada en Bolivar, provincia de Buenos Aires.
«Estoy acá desde hace ya un año y mi trabajo específico es el de ir mensualmente a 12 establecimientos de cría a tomar muestras para, después de hacer los análisis, definir los tratamientos a seguir en cada uno de los casos. Más allá de esto, me gusta estar en la manga y ayudar a mis compañeros en todas las acciones a campo en las cuales me necesiten», nos explicó María Pía.
Hija de un médico veterinario y egresada de la Facultad  de Tandil en 2006, con su especialización realizada en Sanidad Animal, Montone reconoce que las cuestiones familiares y el haber pasado su infancia en el campo (Sierra de los Padres) favorecieron la decisión de volcarse hacia esta profesión. «Con mis compañeras de facultad siempre hablábamos respecto de cómo haríamos para comenzar a trabajar en una  veterinaria de grandes animales.
Sin embargo y si bien al comienzo tiene sus dificultades, una vez que te ven trabajar, se terminan todas las dudas», destacó quien también llevó adelante su residencia en el INTA Balcarce de 2007 a 2008.
En este sentido, María Pía recuerda su primer trabajo a campo: «Cuando me vieron llegar, sin dudas, se sorprendieron.
Trataban de ayudarme, fundamentalmente en todo aquello que requería de cierta fuerza. Más allá de esto, no veo ninguna diferencia entre mi trabajo y el que podría realizar un varón en mi lugar.
Como en todo, te prueban hasta que te ve trabajar y se quedan tranquilos».
Por último y en base a su experiencia, la profesional destacó un cambio en la mentalidad de los productores ganaderos de su zona: «a comparación de años anteriores, los productores están hoy más atentos a los problemas sanitarios de sus animales: ven un ternero rengo o una vaca caída y nos llaman. Esto debemos aprovecharlo para mejorar la situación de todos los rodeos».

A su disposición
Silvina Sarachu Irigoin es la dueña y responsable técnica de la veterinaria Cumelen, ubicada en la localidad bonaerense de Suipacha. «Nuestra característica diferencial es la predisposición.

¿Ellas siempre lo consiguen?
En el imaginario colectivo se destaca aquella idea ligada a que las mujeres logran todo aquello que se proponen. Esta situación ha llevado a diversos analistas a evaluar si, en definitiva, esta supuesta característica tiene que ver con que ellas son mejores negociadoras que los hombres.
Está claro que existen determinadas características que hacen que una persona llegue a mejores resultados que otra en las negociaciones. A saber: motivaciones personales; valores y actitudes; control racional – impulsivo; tolerancia a la frustración; inteligencia emocional; autocrítica, etc.
A primera vista, tanto hombres como mujeres podemos o no disfrutar de estas cuestiones entre nuestras virtudes personales.
Sin embargo y más allá de reconocer que no existen diferencias entre las maneras en las cuales ambos sexos negocian, determinados especialistas sostienen que los resultados, por su parte, sí son afectados por las diferencias de género.
En definitiva, si se lo proponen…ellas siempre lo logran.

El estar siempre disponibles nos ha hecho alcanzar nuevos clientes y mantener a los habituales.Ofrecemos un servicio permanente de asesoramiento a campo y venta tanto de productos veterinarios como alimentos balanceados», comentó la médico veterinaria egresada en 1999 de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil.  
Nacida en Rocha, partido de Lamadrid, Silvina supo desde su niñez a que se quería dedicar en el futuro, aunque con el tiempo fue privilegiando cada vez más la producción bovina por sobre las cuestiones sanitarias de los equinos.
«He tenido la fortuna de dedicarme a lo que realmente me gusta, a partir de haberme especializado en la producción láctea. Si bien hoy en día atendemos mayormente a campos de cría, el hecho de ser mujer no me ha impedido desarrollarme profesionalmente en estos años».
Más allá de esto, Silvina reconoce que en sus comienzos los clientes manifestaban ciertos preconceptos, los cuales han quedado atrás en base a su trabajo y a la recomendación permanente de sus servicios. «El boca en boca es clave en este sentido.
Los productores reconocen la dedicación, higiene y organización con la cual trabajo. Esto va más allá de ser hombre o mujer», agregó.
Un aspecto interesante a tener en cuenta y según lo comentara la profesional, tiene que ver con el trato recibido por parte de sus colegas (hombres), en donde sí percibe ciertos prejuicios.
«Algunos siguen pensando que vamos pintadas al campo y no evalúan nuestras condiciones fundamentales.
Son unos pocos; esto ha ido cambiando y terminará de modificarse con el paso de los años».
Silvina tiene dos hermosos hijos, los cuales están en permanente contacto con ella. «Más allá de mi profesión, he decidido estar presente en todos los momentos importantes de su vida.
Junto con mi marido hemos tomado esta decisión, de la cual estamos muy orgullosos», resumió Sarachu Irigoin.

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