Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas A&M inició un exhaustivo estudio de parasitología veterinaria para secuenciar el genoma completo del gusano barrenador del ganado. El objetivo central consiste en identificar si este parásito presenta marcadores de resistencia frente a los fármacos empleados habitualmente para su control.
El proyecto recibió un financiamiento cercano a cuatro millones de dólares otorgado por el USDA, a través del certamen New World Screwworm Grand Challenge. La iniciativa, planificada para desarrollarse a lo largo de dos años, cuenta con la colaboración de Texas A&M AgriLife y de especialistas del Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria de Honduras.
Los científicos utilizarán muestras recolectadas durante el brote activo registrado en territorio hondureño para evaluar cómo las poblaciones del insecto se dispersan, evolucionan y reaccionan frente a las terapias antiparasitarias aplicadas en animales infestados.
Vigilancia frente al avance de los parásitos
El gusano barrenador es una mosca cuyas larvas infestan heridas y consumen tejido vivo en animales de sangre caliente. Los bovinos figuran entre las especies más perjudicadas por esta plaga, aunque también puede perjudicar a equinos, ovinos, caprinos, cerdos, animales de compañía, fauna silvestre e incluso a personas.
Tras haber sido erradicada de América del Norte hacia finales del siglo pasado mediante una barrera biológica situada en Panamá, la plaga experimentó rebrotes entre 2021 y 2022. La dispersión avanzó gradualmente por Centroamérica y México, hasta detectarse casos en territorio estadounidense hacia junio de 2026, lo que encendió las alertas sanitarias continentales.
A diferencia de investigaciones previas focalizadas en genes específicos, el equipo prevé secuenciar el 99,99% del genoma de miles de especímenes individuales en diferentes regiones geográficas y momentos temporales. Esta capacidad técnica permitirá comparar estructuras genéticas completas con alta precisión computacional.
El propósito final radica en correlacionar los perfiles moleculares con los antecedentes terapéuticos reportados a campo para diseñar un test de diagnóstico molecular validado. Esta prueba facilitará la detección precoz de variantes refractarias a los tratamientos farmacológicos en la región.
FUENTE: DVM360