La Dirección de Zoonosis y Sanidad Animal de la Municipalidad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos) encendió esta semana las alarmas tras detectar un aumento significativo de casos de botulismo en animales. El aviso surge del trabajo en territorio realizado por los profesionales del Centro Antirrábico municipal, quienes remarcaron la necesidad urgente de reforzar las medidas preventivas en establecimientos ganaderos y en animales domésticos.
La enfermedad, de rápida evolución y alta letalidad, es provocada por la toxina que genera la bacteria Clostridium botulinum, comúnmente presente en alimentos o agua contaminados, canales en descomposición o materia orgánica fermentada.
Una amenaza silenciosa, pero evitable
El botulismo no se transmite de animal a animal, sino que se desarrolla por la ingestión directa de la toxina, siendo su manifestación clínica más frecuente una parálisis muscular flácida, que deriva en fallas respiratorias o cardíacas, y finalmente en la muerte del animal.
Desde el área técnica municipal remarcaron que la prevención es la herramienta más eficaz: un manejo riguroso del alimento y del agua que consumen los animales resulta clave para evitar brotes. También insistieron en la importancia estratégica de la vacunación en zonas donde la enfermedad puede emerger estacional o geográficamente.
Recomendaciones técnicas para prevenir el botulismo
Control en la alimentación
-
No suministrar alimentos en mal estado, fermentados o con olor rancio.
Evitar restos de comida o subproductos sin control sanitario.
Revisar el estado de los alimentos balanceados y forrajes antes de su uso.
Almacenar correctamente: en lugares secos, aireados y protegidos de la humedad y de plagas como roedores.
Manejo del agua
-
Garantizar acceso permanente a agua limpia y potable.
Impedir que los animales beban de charcos, reservorios estancados o lagunas contaminadas.
Limpiar y desinfectar los bebederos de forma periódica.
¿Por qué estar alerta?
La presencia de botulismo en regiones como Entre Ríos no es nueva, pero su reaparición obliga al sector a redoblar esfuerzos en bioseguridad, vigilancia sanitaria y manejo preventivo, especialmente ante condiciones climáticas que favorecen la fermentación del material orgánico y la proliferación de la bacteria en ambientes rurales.
Este tipo de episodios sanitarios ponen de manifiesto la necesidad de articulación entre veterinarios, productores y autoridades locales, en pos de resguardar la salud animal y evitar pérdidas productivas severas.