La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ha pasado de ser una preocupación abstracta a un desafío clínico diario en la oftalmología veterinaria. Las enfermedades bacterianas de la superficie ocular varían desde conjuntivitis autolimitadas hasta infecciones estromales graves que pueden llevar a la pérdida del globo ocular. La córnea es especialmente vulnerable, dependiendo de la inmunidad innata para su defensa.
Un nuevo estudio evaluó las tasas de resistencia antimicrobiana a los medicamentos oftalmológicos tópicos en perros, gatos y caballos. Los hallazgos indican que, si bien la resistencia a los antimicrobianos en fármacos oftalmológicos no es un problema reciente, se ha vuelto mucho más evidente en los últimos 10 años. Los especialistas señalan que hace cinco años este tema rara vez se discutía en congresos, pero ahora es fundamental.
Según los autores del estudio, una de las mayores ideas erróneas sobre el uso de antibióticos oftálmicos tópicos es creer que todo ojo rojo necesita tratamiento antibiótico. Explican que el enrojecimiento es solo un síntoma, no un diagnóstico, y existen múltiples diagnósticos diferenciales como alergias, ojo seco, uveítis, glaucoma o enfermedades de los párpados, ninguno de los cuales requiere antibióticos. Por ello, aconsejan que, si el ojo no mejora, se cambie el diagnóstico en lugar del antibiótico.
Diagnóstico preciso para evitar la resistencia
En otros casos, el uso de antibióticos no es incorrecto, pero no es el único tratamiento necesario. Un ejemplo es la úlcera indolente. Cuando esta no cicatriza, los veterinarios a menudo cambian los antibióticos tópicos, cuando lo que el paciente realmente necesita es un desbridamiento corneal.
Para reducir la incidencia de resistencia a los antibióticos oftálmicos tópicos, el estudio ofrece varias recomendaciones. Además de asegurar que la afección realmente requiera antibióticos, se aconseja realizar un cultivo y antibiograma, junto con una citología, al inicio del tratamiento. Esto permite confirmar la infección bacteriana y determinar el uso adecuado de antibióticos. Estas pruebas son cruciales cuando una úlcera corneal parece infectada, especialmente si hay infiltración estromal, reabsorción, empeoramiento rápido o fracaso del tratamiento inicial.
Asimismo, se recomienda evitar el uso de primera línea de fármacos como las fluoroquinolonas cuando no estén indicados por la citología y el cultivo, debido a la preocupación por la resistencia a estas. Aunque es difícil generalizar sobre los antibióticos apropiados para el tratamiento de primera línea, el texto sugiere comenzar con un producto de triple antibiótico o ácido fusídico en perros, y oxitetraciclina en gatos.
Terapias complementarias en oftalmología veterinaria
Además del uso apropiado de antibióticos, se destacan tratamientos complementarios que pueden reducir su uso o ayudar a inactivar bacterias sin ser antibióticos. Estos son considerados “una de las áreas más prometedoras en oftalmología veterinaria”. Aunque no reemplazan a los antibióticos, pueden reducir la carga bacteriana. Se mencionan las gotas oftálmicas antisépticas de povidona yodada, cuyo uso está autorizado en algunos países para uso continuado en el hogar, y la irradiación UV-C, que ha demostrado desactivar organismos infecciosos en la superficie corneal.
Los autores ven muchas oportunidades para que los profesionales veterinarios aborden la resistencia a los antibióticos de maneras innovadoras. Esto incluye introducir el tema desde el principio en los programas de formación de estudiantes y residentes de veterinaria. Señalan que, sorprendentemente, muchos veterinarios reciben poca formación formal en el uso racional de antimicrobianos o en microbiología ocular, a pesar de prescribir antibióticos casi a diario.
Finalmente, los investigadores desean una mayor colaboración entre oftalmólogos, microbiólogos y farmacólogos para establecer un consenso sobre las mejores prácticas y directrices, tanto para la atención primaria como para los equipos de especialidades.
FUENTE: Diario Veterinario