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El análisis comienza describiendo cómo la macroeconomía argentina impactó en la ganadería, llevando al productor a encontrar en el ternero un refugio de valor desde el año 2020.
“Esa incertidumbre (local) se da ante un nivel de exportaciones a nivel mundial creciente, donde China pasó de 90.000 a 3 millones de toneladas de importaciones de carne en una década”.
Federico Santángelo, socio de Agroideas.
Quien comenta la situación y comparte su visión sobre lo que sigue es el consultor y MV Federico Santángelo, socio de Agroideas, que compartió panel con el economista y periodista Maximiliano Montenegro y el anfitrión, presidente de AnGus, el productor Adolfo Bustillo bajo la moderación del director de La Nación, José del Río, en la Jornada Tecnovax que organizó el laboratorio en el marco del centenario de la raza más difundida del país el pasado 25 de mayo en La Rural de Palermo (CABA).
“El precio del ternero empezó a subir y complicó la reposición del feedlot, llevando la relación con el gordo que tradicionalmente oscila en 1,10 y 1,20 a 1,40. Esto, sumado a la devaluación, llevó al negocio de engorde a corral a rentabilidad negativa sobre todo en los segundos semestres de los últimos años, situación que se tradujo en una caída en el encierre, una menor oferta y su consecuente suba de precios al consumidor”, resume Santángelo lo que, a menudo, se traduce en titulares rimbombantes en los medios de comunicación bajo el interrogante: “¿por qué sube la carne?”.
Dentro del contexto inflacionario y las pocas posibilidades de manejo financiero del dinero para Santángelo siempre el productor prefiere lo siguiente: “Tener algo en el campo, aunque sea caro, que dejar los pesos en la cuenta corriente del banco, es decir, el ternero se transforma en una gran reserva de valor, pero no porqué las expectativas del mercado sean buenas sino como resguardo”.
Para el especialista, el tema de las expectativas es clave en el negocio ganadero.
Y vaya si lo es.
“Esa incertidumbre se da ante un nivel de exportaciones a nivel mundial creciente, donde China pasó de 90.000 a 3 millones de toneladas de importaciones de carne en una década, demanda que seguirá traccionando, pero nos bajamos del tren de la exportación”, completó el disertante.
“Mientras que Brasil y Uruguay elevaron un 30% el volumen en el primer trimestre, la Argentina disminuyó un 7% sus envíos. Si hablamos de divisas, Brasil incrementó un 60% y Uruguay un 56%, al tiempo que Argentina incrementó un 30% sus ventas”.
Sin embargo, en su presentación, Santángelo reconoce que los precios siguen siendo altos en términos históricos, al punto tal que las compras de carne vacuna vía Shanghai cayeron 23% de forma interanual como consecuencia de los efectos del COVID19 y una suma de precios que en promedio supera el 40%.
“Para la industria exportadora el precio de la hacienda sigue muy caro en dólares considerando un dólar de exportación que para mayo valía $ 104, neto de retenciones, sumado a la suba de costos, tarifas y paritarias”, advierte.
En el mediano y largo plazo los precios seguirán sostenidos ante una oferta con escasez estructural.
“Hoy, podemos inferir que habrá cierta tranquilidad hasta agosto o septiembre porque los corrales se están llenando y el mercado interno estará abastecido al mismo tiempo que por una cuestión estacional se enviarán más vacas a China”, adelanta Federico Santángelo.
Y completa: “Más adelante, la posibilidad de un nuevo color político en el Ejecutivo despierta buenas expectativas ante la llegada de un Gobierno menos intervencionista con una demanda externa que seguirá siendo alta y con buenos precios. Eso sí, siempre con la mirada puesta en mejorar los niveles de productividad para satisfacer tanto la demanda interna como esa oportunidad en el exterior”.

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