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SUSCRIBITEEl clima en que se desarrollaron las jornadas: «Desafíos de la producción lechera a futuro», sin dudas no fue el ideal.
Y aquí no nos referimos a las bajas temperaturas con que la localidad bonaerense de Tandil recibió a las más de 200 personas que asistieron al evento organizado por la Facultad de Ciencias Veterinarias (UNICEN), el INTA y Producir XXI; sino al conflicto que en esos días (9 y 10 de agosto) permanecía vigente entre grupos de productores y el Ministerio de Agricultura por el precio de la leche en nuestro país.
De hecho y a último momento, el Subsecretario de Lechería de la Nación, Arturo Videla, decidió no asistir al evento al cual iba a participar como disertante.
Más allá de esto y con el correr de las horas, los organizadores lograron encausar el devenir del encuentro hacia su principal objetivo: brindar herramientas para que la actividad siga en la senda de crecimiento que viene transitando en los últimos años.
¿Cómo lo lograron? Dejando en claro que la tendencia mundial apunta a que el precio pagado a los tamberos será similar en todos los países productores y que las mayores ventajas serán para quienes sigan incorporando tecnología -asociada a la escala-, capaciten al personal y disminuyan (en base a una mayor dedicación y un mejor asesoramiento) las importantes e injustificadas pérdidas que se generan en las distintas etapas de la producción primaria.
En este sentido, el Ing. Miguel Taverna -INTA Rafaela- analizó la situación y los desafíos de las principales cuencas argentinas, mostrando (Gráfico N° 1) cómo entre 1988 y 2011 la producción láctea nacional pasó de 6.000 a 11.600 millones de litros y destacando que, en ese período, la cantidad de tambos se redujo de 30.500 a 12.000.
¿El promedio de vacas por tambo? Se incrementó de 78 a 192.
Ya refiriéndose a los niveles de eficiencia, Taverna explicó que los litros logrados por tambo crecieron un 514% y que la productividad por vaca lo hizo en cerca de un 200%.
¿Y la productividad por hectárea? Mostró un aumento del 230%.
«El salto de eficiencia desde el punto de vista de la incorporación de tecnología -asociada a la escala- fue importante y permitió a la lechería seguir creciendo», resaltó el investigador, al tiempo que agregó: «Se duplicó la producción, dejando prácticamente la mitad de la superficie con que se contaba, disponible para otras actividades productivas, como la soja».
Analizando las posibilidades a futuro y dejando en claro que todo crecimiento está relacionado con los niveles de rentabilidad e inversión que puedan lograrse, Taverna resaltó que Argentina tiene muy buenas posibilidades.
«Al margen de situaciones que puedan darse coyunturalmente y en la medida que se logren niveles de eficiencia adecuados, la actividad puede lograr rentabilidades interesantes.
Desde el punto de vista técnico y de cara a 2020 es posible que la producción nacional crezca en una rango del 3 y al 8%», agregó.
El extensionista también destacó algunos conceptos centrales: «La lechería manifiesta una clara tendencia hacia la incorporación de tecnologías, asociada a la escala.
Esta es una verdad global: el efecto escala se da aquí y en todo el mundo. Los márgenes serán cada vez menores», explicó.
En ese sentido, dejó en claro que será esencial trabajar seriamente sobre las deficiencias que se perciben en cuestiones reproductivas, como así también en las ineficiencias que generan pérdidas económicas entre la cría y la recría -por mortandades- y los cada vez mayores inconvenientes en el descarte.
«Vemos muchos problemas sanitarios, los cuales son factibles de ser solucionados en base a las tecnologías disponibles, con cuya utilización se lograría un crecimiento genuino en los rodeos», explicó Taverna y alertó: «En la medida que vamos generando información, nos alarmamos por las pérdidas que existen en el sistema de crianza y la cantidad de muerte de vacas.
También percibimos que se están disparando los problemas de patas y mastitis».
Queda claro que las cuestiones sanitarias dentro de un contexto de crecimiento genuino en los rodeos juega un rol fundamental, razón por la cual el INTA Rafaela está realizando trabajos a campo que ponen en evidencia pérdidas que muchas veces pasan desapercibidas.
«Hemos encuestado a productores para saber si conocen los porcentajes de mortandad que manejan en guachera y la gran mayoría asegura que el mismo ronda el 4%.
Sin embargo, cuando vamos al campo y establecemos registros, vemos que las pérdidas alcanzan el 20%.
Hay falta de concientización sobre estos temas y desconocimiento: no tienen el dato y no lo analizan.
Lo mismo sucede con la muerte de vacas: la mayoría de los tamberos no maneja información y eso le impide ver la magnitud de los problemas», concluyó Taverna.
En lo que hace a la participación de las principales provincias lecheras en cuanto a cantidad de vacas y unidades productivas, Córdoba posee el 35% de los animales y el 31% de los tambos, seguida por Santa Fe (30 y 35%), Buenos Aires (28 y 24%) y Entre Ríos (4 y 6%), dejando atrás al resto del país, donde la actividad también ocupa rol central en lo que a desarrollo social respecta.
Además, el disertante comentó que se percibe una disminución en el stock total de vacas, evidenciándose una caída cercana al 5% entre 2008 y 2011 (Gráfico N°2).
Ya analizando el tamaño de los establecimientos instalados en el país y tal como se muestra en el Gráfico N° 3, el rango de unidades productivas con entre 100 y 250 vacas es el que se presenta de manera predominante, con un promedio de 150 vientres.
«Bajo este esquema se encuentra el 44% de las vacas y el 45% de las unidades productivas de la Argentina. Lo sigue el estrato de de 251 a 500 vacas; con un promedio de 300», explicó el ingeniero agrónomo.
En lo que hace a la participación total de las superficies alquiladas respecto del total de las tierras que los tambos dedican a la producción, se percibe que -por ejemplo- para el centro de Santa Fe y a nivel general, cerca del 40% de la actividad se hace sobre campo alquilado.
En las otras cuencas esta variación es más marcada: en el norte de Córdoba existen tambos grandes, donde prácticamente el 50% de su superficie es arrendada.
Frente a la visión generalizada que sostiene que están desapareciendo los tambos más pequeños, Taverna abordó dos enfoques: uno que considera la participación total de vacas por tipo de unidad productiva (grande, mediano o chico) y, otro, respecto de la escala que logran las mismas.
Para el primero de los casos y tal cual se muestra en el Gráfico N° 4, a lo largo de los últimos años no se percibe una tendencia que evidencie la pérdida de participación de ningún estrato en particular.
Más allá de esto y ya abordando el segundo enfoque, un trabajo del Centro de Industrias Lecheras -proveniente de 11 empresas que representan el 60% de la leche procesada a nivel nacional- muestra que, mientras en 2001 el 77% de los tambos eran de menos de 2.000 litros, estos hoy representan menos del 50%.
«En 2001, ese 77% representaba el 45% de la producción, mientras que hoy responde por el 22% de la misma. Otro dato interesante: a comienzo de la década de 2000, los tambos de más de 6.000 litros eran el 2% del total y hoy representan el 8%. Antes explicaban el 14% de la producción y hoy, el 30%», concluyó el representante del INTA Rafaela.

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