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El engorde de los lechones

30 de junio de 2010 - 23:01

sello-bienestar-animal

Por el Dr. Rodolfo Acerbi

Docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil

Continuando con nuestra temática basada en la necesidad de establecer buenas prácticas de manejo en las distintas etapas de la producción porcina, ofrecemos aquí diversos conceptos vertidos por especialistas del Centro de tecnología de la Carne del Institut de Recerca i Tecnología Agroalimentária de Girona, España.
En este sentido, resaltamos que los tres problemas principales durante la fase de cebo están relacionados con densidades demasiado altas en los corrales, mezcla de animales y conductas redirigidas como la caudofagia.

Densidad de animales
Al considerar las necesidades de espacio de los cerdos durante esta etapa, un punto clave es proporcionarles el espacio suficiente para que puedan echarse. El mismo dependerá del número de cerdos que quieran hacerlo en cada momento y la posición en la que lo hagan. Estos dos factores dependen, a su vez, de la temperatura ambiental.
Para mantener una temperatura corporal constante, los animales deben equilibrar las producciones y pérdidas de calor. Cuando un individuo está sometido a condiciones de bajas temperaturas busca una zona de cama para echarse, donde se sitúa de tal forma que tenga las mínimas pérdidas de calor, en este caso, de decúbito esternal.
Salvo en oportunidades extremas, estas bajas temperaturas no deberían generar consecuencias. Sin embargo, hay que considerar también  cuando las mismas son altas.
Los cerdos no pierden calor por medio de la sudoración, sino que utilizan otros métodos: recuen el contacto físico con los otros cerdos; se echan lateralmente para aumentar al máximo la superficie corporal en contacto con el suelo; jadean; reducen la actividad general y se dan baños en agua, lodo o excrementos para perder calor por evaporación. Un grupo de cerdos de 60 kg de peso medio dejan de agruparse a partir de los 16º, incrementan la tendencia a echarse sobre slats a partir de los 18.8º, incrementan la excreción sobre suelo sólido a partir de los 20º y reducen la actividad para no producir calor por encima de los 24.2º, por lo que temperaturas de 20 a 25º pueden considerarse problemáticas.
Por otro lado, los animales domésticos, tanto en condiciones «seminaturales», como de estabulación, utilizan diferentes zonas para las conductas de descansar, comer y defecar dentro del área que tienen a su disposición, tal y como hacen sus ancestros en condiciones salvajes.
Por lo tanto, es importante proporcionar el espacio suficiente como para que puedan diferenciar bien la zona de descanso de la de excreción.
No obstante, cuando la temperatura es demasiado alta, los animales dejan de echarse en la zona de descanso y lo hacen en la de excreción, donde la humedad es mayor y el enrejado del suelo permite mayor evaporación. Al mismo tiempo, cambian de lugar de excreción y empiezan a hacerlo en las zonas habilitadas para el descanso.
Así, se ha observado que la zona de descanso empieza a ensuciarse por encima de los 25º en cerdos de 25 kg y por encima de los 20º en cerdos de 100 kg. Por lo tanto, si la zona de descanso aparece sucia y los cerdos están echados en la  de excrementos, el bienestar de los animales puede estar comprometido.
Además de los efectos que produce sobre la capacidad para termorregular de los cerdos, densidades demasiado altas también afectan a los animales desde otros puntos de vista. Un problema está ligado a una mayor velocidad en la transmisión de determinados agentes infecciosos; al tiempo que un descenso en el consumo de alimento; un descenso en la conducta exploratoria del animal; mayor incidencia en la mordedura de colas y una mayor proporción de lesiones por peleas, por un problema de «espacio social».
Así pues, del mismo modo que se define un lugar corporal y otro de actividad, debe considerarse también un espacio social, el cual puede subdividirse en uno «personal», que es aquella distancia a la que se puede mantener un individuo de otro sin que ninguno de los dos se vea amenazado, y otro de interacciones sociales, que permite la relación entre individuos.
Son diversos los aspectos que hay que tener en cuenta cuando se consideran las necesidades de espacio de los cerdos de engorde. El método más común para hablar de espacio disponible es en términos de espacio de suelo por cerdo (metros cuadrados por animal) o a la inversa, el número de animales por una superficie determinada.
No obstante, como estas medidas no tienen en cuenta el peso corporal, para interpretar correctamente el espacio disponible es importante considerar también la edad o el peso de los animales. Al mismo tiempo, el espacio depende de cómo los animales estén echados. Así, el lugar necesario por cerdo puede calcularse a partir de la siguiente fórmula: E = kW2/3, donde W es el peso vivo del animal y k una constante que difiere según la posición en la que esté el animal (k = 0.019 si está echado de decúbito esternal o de pie; y k= 0.043 si está echado lateralmente).
Ekkel (2003) propone utilizar una k = 0.033 si la temperatura se mantiene dentro de la zona de termoneutralidad de los cerdos, en la que se considera que la mitad de los animales estarán en cada una de las dos posiciones. Al mismo tiempo, al espacio calculado según esta fórmula habría que sumarle un 15% para que los animales pudieran diferenciar bien las zonas de excreción de las de comida y desarrollar una conducta social normal.
Así, el espacio necesario para un grupo de cerdos de 60 kg sería de 0.6 m2 por animal.
Por otro lado, es importante recordar que los cerdos empiezan a mostrar cambios importantes de conducta a partir de los 20-25º, por lo que las temperaturas altas deben empezar a considerarse a partir de este rango. A su vez, hay que considerar la importancia de los materiales del suelo y la ventilación, ya que una velocidad del aire de 0.1 m/s permite al animal tolerar incrementos de hasta 2º sin mostrar cambios de conducta y el  aislamiento térmico del suelo hace que el animal perciba de forma muy distinta una misma temperatura ambiental.

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