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SUSCRIBITE En la primera parte de este artículo, publicada en la edición de noviembre, se destacaban distintas medidas tendientes a lograr una solución verdadera a estos problemas.
Aquí, el resto de las propuestas
Despuntar todos los cuartos durante todos los ordeños, utilizar el antibiótico o grupo de antibióticos adecuado y descartar las vacas crónicas son acciones que permiten lograr la cura verdadera de los casos clínicos de mastitis. Este listado debe completarse con las siguientes medidas.
Un protocolo de tratamiento significa tener un esquema previamente diseñado por el profesional y asumido por el tambero responsable de efectuar las curas, que le servirá de guía para saber cómo actuar frente a los casos de mastitis clínicas.
Existen protocolos rígidos que incluyen el uso de un mismo antibiótico independientemente de qué bacteria esté actuando, aplicados vía intramamaria solos o en combinación con inyectables. Existen otros, que pueden variar según un diagnóstico bacteriológico previo. En todos ellos es necesario que cuando se decide el uso de antibióticos se intente hacer que la concentración del mismo llegue y permanezca el tiempo mínimo que logre la cura verdadera y no sólo la resolución de los signos clínicos. No hay nada más equivocado que abandonar un tratamiento cuando desaparece la presencia de grumos ya que ese suceso puede ocurrir previo a la reducción o control total de las bacterias existentes. En ciertas ocasiones un protocolo también puede incluir el uso de otras drogas sin efecto antibiótico que ayuden a resolver los signos o a una mejor evacuación de toxinas y bacterias presentes en la leche. Tal es así que se puede indicar el uso de ANE cuando existe fiebre y/o inflamación severa del cuarto, para lo cual se hace necesario, a veces, tomar la temperatura rectal o bien el uso adecuado de oxitocina que ejerza una acción mecánica de expulsión de toxinas y bacterias.
Algunas bacterias como los gramnegativos no requerirían el uso de antibióticos.
Estos, ejercen su efecto a partir de endotoxinas que se liberan con la destrucción del microorganismo. Su comportamiento manifiesta en principio una rápida multiplicación en la luz alveolar, muerte, liberación de endotoxinas, aparición de los signos clínicos y desaparición al poco tiempo de haberla colonizado, por lo que generalmente cuando se inician los tratamientos suelen no estar presentes dentro de la glándula y, por lo tanto, los antibióticos son infructuosos. La decisión de no usar antibióticos implica conocer objetivamente qué bacteria o grupo de ellas está afectando.
Para ello se hace necesario el cultivo previo a la iniciación del tratamiento.
En teoría, aplicar un protocolo de tratamiento muchas veces suele ser sencillo en un individuo, pero cuando existen muchos casos de mastitis clínicas y cada uno en distintas etapas, es fundamental lograr una buena rutina de trabajo que reduzca el nivel de errores y permita que cada caso clínico sea tratado adecuadamente.
La correcta identificación del cuarto o cuartos afectados ayudará al responsable a encontrar ese objetivo, ya que en ciertas circunstancias y como fuera mencionado anteriormente, los signos clínicos pueden desaparecer al inicio del tratamiento.
El uso de programas de computación que llevan en detalle los protocolos de tratamientos, son de extremada ayuda en tambos de gran escala, aunque la necesidad de incorporar estas herramientas en los tambos de Argentina se irán haciendo cada vez mayores en la medida que el proceso de concentración (cada vez menos tambos pero de mayor número de vacas en ordeño) siga el curso actual.
En su defecto, los registros de tratamientos son necesarios para una adecuada organización. Allí se deberá constatar el número de identificación de la vaca, la fecha en que comienza el tratamiento y el cuarto o cuartos tratado.
Estos registros permiten determinar aquellos animales que son recurrentes en los casos clínicos. También posibilitará controlar qué porcentaje de vacas no se curan o si es necesario repetir el tratamiento: nos puede estar alertando de una falla en los mismos.
Finalmente, pero no menos importante que los puntos anteriores, es necesario saber que algunas bacterias ingresan a la glándula de forma iatrogénica, al ser arrastradas por nosotros mismos cuando introducimos un pomo de mastitis.
Si no somos extremadamente higiénicos y desinfectamos correctamente la punta del pezón antes de introducir una cánula, las probabilidades de que los gérmenes que se encuentran en los alrededores del esfínter colonicen el interior de la cisterna aumentan y, en consecuencia, los riesgo de una nueva infección, también. Para ello recomiendo que los pasos a seguir en la colocación de un pomo de mastitis clínica y/o de secado sean los siguientes:
• Ordeñar el cuarto afectado, descargándolo al máximo posible y descartando la leche.
• También desinfectar la punta del pezón con alcohol etílico 70%, con toallas individuales.
• Introducir el pomo de antibiótico que debe estar limpio y usando la cánula corta de no más de 3 mm para impedir que las bacterias cercanas atraviesen el canal del pezón.
• Ejercer masajes ascendentes con una mano mientras se tapa la punta del pezón con los dedos de la otra mano.
• Colocar sellador postdipping con 4.000 – 5.000 ppm de yodo disponible.
• Registrar en la planilla el tratamiento.
Lo que en principio parece sencillo engloba una serie de medidas que se deben tener en cuenta si se quiere tener éxito en el tratamiento de los casos clínicos. Conocer a las bacterias y saber cómo generan el proceso infeccioso, así como los mecanismos de acción y difusión de los distintos antibióticos dentro de la glándula mamaria sana e infectada, nos permitirán tomar medidas en base a criterios objetivos.
De todas maneras, si bien el adecuado tratamiento de los casos clínicos es muy importante como ayuda en el control de la mastitis, en un programa de calidad de leche donde se intenta reducir los niveles de células somáticas del tanque, controlar las infecciones subclínicas y asimismo las manifestaciones clínicas, éste punto sólo estaría constituyendo uno entre tantos donde él o los objetivos fundamentales son lograr reducir la prevalencia de las infecciones existentes y la incidencia o tasa de las nuevas.
