La inminente llegada del fenómeno climático El Niño plantea un escenario de alta exigencia para los tambos de la región. Con pronósticos meteorológicos que anticipan precipitaciones por encima de la media, elevadas marcas térmicas y un incremento constante en la humedad relativa, la producción lechera se enfrenta a una amenaza directa sobre la salud animal y la eficiencia operativa.
Frente a esta coyuntura, Guillermo Suárez, especialista del INTA Rafaela, remarcó la necesidad de anticiparse a las contingencias mediante la implementación de un plan integral de manejo que mitigue el impacto negativo en los rodeos. Según detalló el profesional, la combinación de estas variables ambientales afectará de forma inmediata el rendimiento de los animales.
“En términos prácticos para nosotros esto implica temperaturas más altas, más lluvias y mayor humedad relativa”, explicó Suárez, advirtiendo que este contexto intensifica el estrés calórico, lo cual desencadena una caída en el consumo voluntario de alimento, menor producción individual de leche y severas fallas reproductivas, como bajas en la detección de celo y pérdidas embrionarias.
Estrés calórico y barro en instalaciones
A este panorama se suma el deterioro físico de las instalaciones debido al exceso de agua acumulada. La presencia prolongada de lodo en corrales, callejones y patios de alimentación reduce la superficie útil para el ganado y genera hacinamiento, ambiente propicio para la proliferación de agentes patógenos responsables de mastitis ambientales, afecciones podales, neumonías y diarreas neonatales en terneros.
En este marco, el especialista hizo especial hincapié en el incremento de los riesgos zoonóticos derivados de las inundaciones y el anegamiento de suelos. “Debemos considerar siempre el riesgo de leptospirosis, una enfermedad que además de afectar los animales también nos puede afectar a nosotros las personas pudiendo llegar a causar enfermedades muy graves”, enfatizó Suárez, recomendando extremar los cuidados sanitarios.
Enfermedades, plagas y vectores
Asimismo, la humedad constante favorece la proliferación de vectores como moscas y tábanos —transmisores de anaplasmosis y tripanosomosis— y aumenta la probabilidad de desarrollo de micotoxinas en las reservas forrajeras expuestas. Por ello, el profesional recomendó aplicar esquemas de vacunación reforzados, utilizar pediluvios y mantener un control estricto de plagas para frenar el avance de infecciones en el establecimiento.
En cuanto a la infraestructura, desde el INTA insisten en intervenir las instalaciones de forma previa a las lluvias intensas. Esto incluye garantizar áreas con sombra suficiente, bebederos con caudal adecuado y sistemas de refrescado mediante aspersores y ventiladores en las salas de espera, además de acondicionar los caminos de tránsito y establecer corrales de contingencia.Medidas de manejo y prevenciónPor último, el técnico del INTA subrayó que el seguimiento del Índice de Temperatura y Humedad (ITH) y la capacitación constante del personal del tambo resultan pilares clave para lograr una detección temprana de cualquier síntoma patológico.
“Para enfrentar esta situación desde el INTA les recomendamos anticiparse al estrés calórico”, concluyó Suárez, haciendo un llamado a trabajar junto al médico veterinario en la planificación estratégica de la campaña.