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Profesión

"El desafío es aprender a integrar los cannabinoides de forma segura y controlada"

El uso de cannabis en veterinaria está en auge. Con un marco legal en evolución constante y una demanda social progresiva, es clave el uso de extractos seguros y el monitoreo clínico.

Por Laureano Schofs 16 de octubre de 2026 - 13:12

El interés por las terapias basadas en cannabis ha dejado de ser una tendencia exclusiva de la medicina humana para convertirse en una realidad cotidiana en la clínica veterinaria. En la actualidad, los veterinarios no solo se enfrentan a las inquietudes constantes de los tutores, sino también a la necesidad de contar con herramientas científicas sólidas para decidir cuándo, cómo y por qué incorporar estos compuestos al manejo de las afecciones de sus pacientes.

La llave de entrada: el Sistema Endocannabinoide

Para entender el uso medicinal del cannabis, primero se debe comprender el Sistema Endocannabinoide (SEC).

Presente de forma altamente conservada en todo el reino animal, el SEC es una red de señalización celular encargada de mantener la homeostasis orgánica.

Sus receptores principales (CB1 y CB2) y sus ligandos se encuentran ampliamente distribuidos por todo el organismo, con particular predominancia en el sistema nervioso, el sistema inmune, la piel, las articulaciones y el tracto gastrointestinal.

Esto explica la enorme versatilidad de los cannabinoides ya que, al interactuar con estos receptores, son capaces de modular procesos tan diversos como la neurotransmisión, el procesamiento del dolor, la ingesta de alimentos, la inflamación y el comportamiento, entre otros.

¿Compuestos aislados o extractos de espectro completo?

La planta de cannabis posee más de 565 compuestos activos, incluyendo más de 120 cannabinoides, terpenos y flavonoides. Los cannabinoides más abundantes y estudiados de la planta de cannabis son el Δ9-tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD).

El mercado farmacéutico humano a nivel mundial cuenta con diversos productos a base de cannabinoides puros como nabilona, dronabinol, THC y CBD (Sativex®) y CBD (Epidiolex®).

En Argentina se comercializan formulaciones de CBD puro como Kanbis® y Convupidiol®. Poseen las ventajas de estandarización e inocuidad de todo producto de grado farmacéutico.

Cromatograma de HPLC de muestra de sangre para determinación de concentración de cannabidiol en plasma.

Sin embargo, encuestas locales realizadas entre profesionales veterinarios argentinos que prescriben derivados de cannabis demuestran que la mayoría prefieren emplear extractos de planta completa. Esta elección se basa en el efecto sinérgico ("efecto séquito"), que puede existir entre los distintos componentes de la planta.

Estas interacciones permiten alcanzar los efectos terapéuticos deseados con dosis menores de cannabinoides, disminuyendo el riesgo de aparición de efectos adversos.

Es necesario aclarar que, la presunción de sinergia de los extractos requiere un estricto respaldo analítico, dado que existe un alto riesgo de discrepancias entre lo que un aceite declara tener y su contenido real, además del peligro de contaminantes.

Farmacocinética y seguridad

La biodisponibilidad oral de cannabinoides es baja (menor al 20%). Aunque se exploraron vías de administración alternativas, la oral sigue siendo la preferida por su practicidad. El "efecto alimento” puede ser considerado una estrategia para optimizar la absorción oral de compuestos lipofílicos como los cannabinoides.

Resultados de estudios realizados en nuestro Laboratorio de Farmacología, FCV-UNCPBA demuestran un incremento significativo en las concentraciones plasmáticas de CBD suministrado con el alimento en perros y gatos, en comparación a individuos en ayuno.

Los cannabinoides se metabolizan en el hígado (vía CYP) y excretan mediante transportadores (BCRP), por lo que son susceptibles de sufrir interacciones con otros fármacos en tratamientos combinados. Además, tanto los compuestos madre como sus metabolitos son eliminados en las excreciones orgánicas de animales tratados. El CBD y el THC son bien tolerados en caninos y felinos. La mayoría de los efectos adversos suelen ser leves y pasajeros, y principalmente digestivos.

En dosis altas, el THC puede causar signos neurológicos como ataxia, somnolencia, letargia e hipotermia. Además, el uso de cannabinoides puede elevar transitoriamente las enzimas ALT y FA, por lo que es clave realizar análisis de perfil bioquímico antes y durante el tratamiento.

Aunque se asume que el cannabis es indicado para múltiples dolencias, la evidencia científica todavía es limitada y variable según la patología.

Laureano Schofs y el Dr. Sergio Sánchez Bruni, del Laboratorio de Farmacología (Facultad de Ciencias Veterinarias - UNCPBA – CIVETAN).

En Argentina, los reportes indican que la especie en la que más se emplean derivados de cannabis es la canina, y la condición más predominante a tratar es el dolor articular crónico, seguido por los desórdenes de comportamiento y las convulsiones. La mayor evidencia disponible en veterinaria corresponde al uso de CBD para el dolor crónico por osteoartritis. Las regulaciones legales a las cuales aún está sometido el THC, limita la cantidad y calidad de información disponible.

Tanto en caninos como en equinos, el CBD ha demostrado mejoras significativas en la movilidad y en las escalas de evaluación del dolor articular.

El CBD ha demostrado ser una herramienta coadyuvante de utilidad en perros con epilepsia idiopática, logrando reducir la frecuencia y severidad de las crisis convulsivas en pacientes refractarios a terapias convencionales.

Estudios preliminares sugieren que el uso de cannabinoides en el perioperatorio (como en ovariohisterectomías) podría reducir el requerimiento de otros analgésicos de rescate. Los resultados en problemas de comportamiento y prurito aún son heterogéneos.

En gatos, los datos controlados son escasos, aunque se han reportado beneficios analgésicos interesantes en casos de gingivoestomatitis crónica felina.

Efectos potenciales menos explorados de los cannabinoides incluyen, el efecto antimicrobiano (clave para la lucha contra la resistencia bacteriana) y su utilidad en patologías oncológicas, tanto como coadyuvante de la quimioterapia por su efecto antitumoral directo, como paliativo de efectos secundarios de las terapias antitumorales convencionales.

Mención aparte, aún por evaluar es el uso de los productos y subproductos del cannabis, tales como semillas, aceites, harinas y derivados, en la alimentación animal, como fuente de alto valor nutricional de proteínas, fibra y ácidos grasos (omega 3 y 6).

El marco legal en Argentina

Aunque existen leyes nacionales (Ley 27.350 y 27.699) que regulan y facilitan el acceso al cannabis medicinal para humanos, la medicina veterinaria aún se encuentra en un vacío legal. No existe un marco regulatorio oficial, que autorice formalmente al veterinario a prescribir cannabis a animales y ni que avale la tenencia de estos productos a los tutores.

Esto significa que el uso se realiza de manera off-label, bajo la exclusiva responsabilidad del profesional y del tutor.

Por eso, es clave utilizar siempre un consentimiento informado firmado del tutor, exigir aceites que cuenten con análisis de laboratorio (cromatografía) que certifique la concentración real de cannabinoides/terpenos/flavonoides, la ausencia de contaminantes, y llevar un registro clínico minucioso de la evolución del paciente.

Conclusiones

Si bien quedan interrogantes, el debate ya no gira en torno a si el cannabis es de utilidad o no en el campo medicinal. La evidencia científica ha validado su potencial terapéutico. El verdadero desafío para el veterinario clínico es aprender a integrar los cannabinoides de forma segura y controlada en los protocolos terapéuticos.

Para valorar el éxito de la terapia con cannabis, se debe contar con un diagnóstico clínico claro y una indicación precisa, fijando los objetivos a lograr. Se sugiere el uso de productos analizados y seguros.

Es clave comenzar con dosis bajas para evitar la aparición de efectos indeseables, e ir escalando y titulando según la respuesta clínica de cada paciente.

* Laureano Schofs - lschofs@vet.unicen.edu.ar

Médico Veterinario (FCV-UNR) y Doctor en Ciencia Animal (FCV-UNCPBA). Docente del Departamento de Fisiopatología (FCV-UNCPBA) y Becario posdoctoral de CONICET (CIVETAN)

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