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Parasitosis de los bovinos: una primavera que pinta feo

En consonancia con lo que sostiene CAPROVE sobre las pérdidas ocasionadas por las parasitosis (hoy representan pérdidas por $ 3.500.000.000), desde el Área de Parasitología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil, a través de los Dres. César Fiel y Pedro E. Steffan, manifiestan que las pérdidas productivas (de peso) asociadas a los parásitos se verán influencias en esta primavera por las recientes inundaciones.

4 de octubre de 2012 - 17:24
En consonancia con lo que sostiene CAPROVE sobre las pérdidas ocasionadas por las parasitosis (hoy representan pérdidas por $ 3.500.000.000), desde el Área de Parasitología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil, a través de los Dres. César Fiel y Pedro E. Steffan, manifiestan que las pérdidas productivas (de peso) asociadas a los parásitos se verán influencias en esta primavera por las recientes inundaciones.
César Fiel César Fiel

Como ya se ha dicho, los parásitos que se localizan en el estómago e intestinos de los bovinos ocasionan importantes pérdidas económicas. Lo cierto es que, por un lado dichas pérdidas se producen mayoritariamente en categorías jóvenes -recría e invernada- de forma inaparente (como parasitosis subclínicas); y por otro lado, la mayor parte del peso perdido a manos de los parásitos se «entrega  durante los meses que van entre el destete y la primavera vegetal.

Sin embargo, esta primavera se presenta especialmente complicada para gran parte de la ganadería de la provincia de Buenos Aires, a raíz de las recientes inundaciones. La pregunta es: ¿qué estará pasando con los parásitos entre tanta agua?

Que después del inicio de otoño lluvioso se presentó un invierno seco que interfirió la salida de larvas desde la bosta hacia la pastura. En consecuencia, comenzaron a disminuir los síntomas en los animales como resultado de la caída de la infectividad.

Que la calma fue solo pasajera debido a que las bostas «guardaron  gran cantidad de lombrices (larvas), que se originan en los muy altos aportes de huevos realizados durante el invierno.

Que sólo es necesario que llueva para que una gran masa de «lombrices  se traslade hacia la pastura. Las lluvias producen gran «arrastre  de parásitos desde las «bostas  hacia el pasto, quedando disponibles para que los animales las ingieran junto con el forraje.

Que, como dice Don Juan «llueve agua y no pasto , por lo que los animales deberán seguir «comiendo corto , aumentando el riesgo de ingerir mayor cantidad de larvas, por algún tiempo.

De ahí que sea posible prever dos situaciones como consecuencia de las grandes lluvias de fin de invierno:

  • 1. En los campos inundados:

Dependerá de la existencia o no de «correderas , las que podrán arrastrar las lombrices, y hasta «limpiar  los campos de parásitos. Sin embargo, en campos donde el agua drene suavemente, es de esperar el efecto contrario, ya que al desaparecer el agua, dejará disponibles una gran cantidad de larvas que salieron de las bostas cuando estaba «encharcado .
También debe considerarse que, en los sectores no inundados, habrá mayor concentración de animales aumentando los riesgos de infectarse con parásitos. En ellos se presentará una situación al menos igual a la siguiente:

  • 2. En los campos no inundados:

Un efecto inmediato en el que, las larvas liberadas desde la bosta «rebasen  la capacidad de defensa de los animales, y se establezca una parasitosis que afecte la productividad y hasta llegue a manifestarse clínicamente.

Pero es de esperar, un efecto mediato muy relevante dada la condición climática, en el que un alto porcentaje (superior al 70%) de las larvas ingeridas por los animales entran en Hipobiosis (se «adormecen  por 3-4 meses dentro del huésped) alargando el ciclo parasitario.

Lo mediato y lo relevante estará dado por el momento en que las citadas larvas «despertarán  (reanudarán su desarrollo), allá por el mes de diciembre, causando un marcado efecto sobre la ganancia de peso durante gran parte del verano.

En este caso la prevención resulta esencial, y esto implica anticiparse a la desinhibición parasitaria, dado que el daño producido durante la «reanudación del desarrollo  es irreversible. Por lo cual, sería recomendable la aplicación de un tratamiento antiparasitario a mediados de noviembre, cuando aún se encuentra la mayor población de larvas adormecidas.
Debe recordarse que no todos los productos son efectivos contra larvas en hipobiosis, y que en caso de inclinarse por el uso de Benzimidazoles, los de uso oral/intrarruminal deben elevarse la dosis en un 50%, en tanto que para los inyectables (Ricobendazole) debe duplicarse. Por su parte las Avermectinas (y Milbemicinas) mantienen la dosis de 0.2 mg/kg.p.v.

La oportunidad de desparasitar, así como su frecuencia y la característica de los productos a utilizar debe ser establecida sobre la base del conocimiento de los períodos y categorías de mayor riesgo, lo que revela la necesidad de la consulta con un profesional, el Médico Veterinario de cada establecimiento.

Fuente: Dres. César Fiel y Pedro E. Steffan, Área de Parasitología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil.

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