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Resistencia a los antimicrobianos: un tema que debe ser abordado de manera profesional y responsable

Errecalde. Voz autorizada para evaluar cómo sigue el tema.

La resistencia a los antimicrobianos (AMR) definitivamente se convirtió en un problema mundial, pero su origen no es exclusivo del uso de estos en animales de producción.

Por Jorge Errecalde *

Las advertencias sobre los riesgos de la resistencia a los antimicrobianos se han formulado desde los años cincuenta. Ahora, la situación es extremadamente compleja. No hay nuevos antimicrobianos disponibles para combatir microorganismos multirresistentes. Sin embargo, no hablamos de un enemigo nuevo, la resistencia a los antimicrobianos existe desde que existen microorganismos. Algunas bacterias producen antibióticos para defenderse de otras, incluso como señales, así, microorganismos no susceptibles al antimicrobiano pueden ser seleccionados y emerger como cepas resistentes. Un fenómeno tan viejo como la vida misma.  

Los antimicrobianos en humanos se utilizan profiláctica y terapéuticamente. Es imprescindible mejorar las prácticas de prescripción. Hay que combatir la automedicación, fundamentalmente a través de la educación de los consumidores. Es necesario reevaluar el uso de antisépticos en el hogar. El comercio de antimicrobianos debe estar estrictamente regulado. El uso prudente y racional es un factor clave para el control de la resistencia.

Los antimicrobianos en las ciencias veterinarias se utilizan en formas muy diversas. Terapéuticamente, cuando se diagnostica una enfermedad infecciosa, se instituye un tratamiento antimicrobiano. 

El tratamiento debe basarse en ciencia. Los tratamientos profilácticos y metafilácticos, quizás más controvertidos, si son correctamente aplicados, con indicaciones concretas, son herramientas muy útiles. El uso de antimicrobianos como promotores de crecimiento finalmente, representa un problema crítico. En Argentina ya están prohibidos por el SENASA y en otros países se deben implementar las medidas correctas para disminuir su uso, hasta su completa supresión.

Las industrias que producen o utilizan antimicrobianos en sus plantas tienen una gran responsabilidad. Las personas involucradas en la fabricación de productos químicos tienen que ser protegidas y los efluentes industriales estrictamente controlados.

Los hospitales son el nicho ideal para microorganismos multirresistentes y panresistentes.  Además de enfatizar el uso racional de los antimicrobianos, las buenas prácticas clínicas, los controles de limpieza, antisepsia y esterilidad y el tratamiento de efluentes son algunos de los principales puntos críticos de control aquí.

En el ámbito agropecuario, las buenas prácticas agrícolas, el uso racional y prudente de los antimicrobianos y otros productos farmacéuticos y la zootecnia moderna son factores críticos que deben cooperar para la obtención del producto primario de la mejor calidad. Ese producto debe ser procesado con buenas prácticas de manufactura. 

Finalmente, el consumidor debe manipular los alimentos higiénicamente y los debe cocinar correctamente. Si esta serie de pasos se recorre en forma adecuada, desde la granja a la mesa, se dispondrá de alimentos muy seguros y, de esa manera, también se contribuirá a la mitigación de la resistencia a los antimicrobianos. 

Los antimicrobianos, y su versión más difundida, los antibióticos, son y serán seguramente por muchos años, elementos fundamentales sobre los que se seguirá sosteniendo la salud pública y la salud animal. No obstante, su uso inadecuado debe ser contenido. El uso de estos elementos como promotores del crecimiento en explotaciones animales debe ser combatido. 

Para ello, no bastan reglamentaciones y es necesaria la participación del veterinario que es el profesional idóneo para su prescripción. Se necesita entrenamiento del personal involucrado en el manejo productivo, instalaciones adecuadas sanitariamente, productivamente y en consideración del bienestar animal, y la incorporación de buenas prácticas de manejo productivo. 

Estas últimas incluyen, entre otras cosas, la limpieza según protocolos diseñados para cada 

explotación, el óptimo uso de desinfectantes y antisépticos modernos, la utilización de programas de vacunación que cubran todo el espectro infeccioso, la utilización de suplementos dietarios -algunos basados en microorganismos- que optimicen la microbiota y la implementación de medidas de bioseguridad estrictas.

Los antimicrobianos no representan un problema, muy por el contrario, han sido un elemento esencial para el desarrollo de la humanidad hasta nuestros días. En la era pre antibiótica, que se extiende casi hasta mediados del Siglo XX, las enfermedades infecciosas eran la primera causa de muerte, mucho mayor que todas las otras enfermedades juntas. 

¿Pueden existir dudas de que los antibióticos, antiparasitarios y vacunas fueron, siguen siendo y serán herramientas críticas para el desarrollo de la humanidad? Cuando se habla de las muertes que se producirán a consecuencia de la resistencia a los antibióticos, no hay que dejar de mirar cuantas se han salvado desde su descubrimiento y utilización en la terapéutica de enfermedades infecciosas. 

Y sin generar alarma o cuestionar su uso hay que actuar con responsabilidad y profesionalismo para cuidar esta importante herramienta para la VIDA de las personas y de los animales.

*El Dr. Jorge Errecalde es Médico Veterinario, Medico, Doctor en farmacología por la UNLP y Master en Toxicología de la universidad de Pretoria. Profesor titular de farmacología y toxicología de las facultades de Medicina y Veterinaria de la UNLP. Es miembro de las Academias de Agronomía y Veterinaria y de Farmacia y Bioquímica; y académico concurrente de la Real Academia Española de Agronomía y Veterinaria. Ha sido consultor de FAO y la OIE en temas vinculados a la resistencia a los antimicrobianos.

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