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¿Sabías que los gatos pueden tener Leishmaniosis?

Los gatos pueden tener la infección, pero solo se manifestará clínicamente (es decir,aparecerá la enfermedad) cuando les bajen las defensas por otras causas.

¿Qué es la leishmaniosis?

La Leishmaniosis Visceral es producida por un parasito unicelular que se denomina Leishmania infantum. Es una zoonosis (es decir, afecta a las personas y a los animales) que es transmitida por artrópodos, específicamente por flebótomos. Los flebótomos son insectos dípteros (tienen alas) y solo las hembras pican a las personas y a los animales durante el crepúsculo, para luego poner los huevos en la materia orgánica en descomposición. En nuestro país, el flebótomo transmisor es Lutzomyia longipalpis y se encuentra presente en distintas provincias: Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Entre Ríos y Salta1,2,3,4,5,6. Los perros son la especie más afectada ya que son el principal reservorio del parasito7. La enfermedad se conoce como visceral porque se encuentran afectados órganos involucrados en la respuesta inmune como el bazo, la medula ósea, los ganglios linfáticos, etc.

También existen otras Leishmanias en nuestro país que producen la Leishmaniosis tegumentaria (en este caso, solo hay lesiones en piel y mucosas) y son transmitidas por distintos flebótomos. Para este grupo de parásitos, los perros ni los gatos no son reservorio de la enfermedad.

Y a los gatos: ¿les afecta?

Los gatos son susceptibles a distintas especies de genero Leishmania, entre ellas, a L.infantum que es la productora de la Leishmaniasis visceral8. Los gatos pueden tener la infección, pero solo se manifestará clínicamente (es decir, aparecerá la enfermedad) cuando les bajen las defensas por otras causas. La prevalencia de infección en gatos es menor, en comparación con la de perros.

Los flebótomos pican a los gatos y se alimentan de la sangre de ellos, transmitiendo esta parasitosis. Se sabe que las hembras de Lutzomyia longipalpis se alimentan de los felinos9

Otras vías de transmisión, por ejemplo, si los gatos pueden adquirir la infección por hábitos de cacería o durante la gestación, están actualmente en estudio8.

¿Cuándo se sospecha que un gato tiene leishmaniosis visceral?

Los signos clínicos pueden ser que el gato este decaído, con fiebre o que está perdiendo peso. Es decir, cuadros inespecíficos. Pero puede haber signos y síntomas más claros como algunos problemas de piel (por ejemplo, ulceras en la piel o costras en las orejas, entre otros), oculares (opacidad de la córnea, inflamación de la conjuntiva, etc.) y bucales (inflamación de las encías y la boca). A veces, puede haber complicaciones graves, a nivel de los riñones o en la medula ósea8 ,10.

Cuando se manifiestan estos signos y síntomas, la leishmaniosis actúa de “punta de iceberg”. Es decir, se expresa la enfermedad porque hay otro problema de salud de fondo. Estos problemas de salud pueden ser, por ejemplo, alguna neoplasia o enfermedades retrovirales (Virus Inmunodeficiencia Felina y/o Virus de Leucemia Felina)

 

El diagnostico en los gatos es un desafío

El diagnostico es complejo ya que se deben tener en cuenta muchos factores: de donde viene el gato, sus hábitos de vida, la sospecha de esta enfermedad, sus síntomas, los resultados del laboratorio de rutina y algunos métodos diagnósticos específicos, como la citología y el uso de herramientas moleculares.

Hay una buena noticia: ¡podemos prevenirla!

Para esta enfermedad no hay vacunas ni tratamientos efectivos. Por lo tanto, en zonas donde circula en forma activa esta parasitosis, debemos aplicar medidas de prevención para disminuir el riesgo de que nuestro gato adquiera esta enfermedad.

El collar de flumetrina (que se encuentra asociado a imidacloprid) es la única formulación de piretroides que se encuentra aprobada para su uso en gatos. El objetivo de este collar es reducir, en forma notoria, la exposición a la picadura de los flebótomos. Esto se ha comprobado en estudios a campo11 y su uso, en forma sostenida, resulta clave en la prevención de la enfermedad8. Debemos recordar que los otros piretroides, usados en forma de pipetas o collares y que son destinados a los perros, no se deben usar nunca en gatos ya que son tóxicos.

El uso del collar debe estar acompañado de controles veterinarios periódicos, así como de reducir las salidas de los gatos al exterior (por ejemplo, que salga por las noches, este por la calle, etc.).

Algo importante: estas medidas también deben ser aplicadas para aquellos gatos que vayan por un tiempo a zonas donde circula la enfermedad.

¡La prevención de leishmaniosis felina es clave! No dejes de consultar con tu veterinario de cabecera.

Pablo Borrás. Veterinario. Magister en prevención y control de Zoonosis. Miembro científico del TroCCAP

Bibliografía

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