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PRODUCIR EN EL MEDIO DE LA CUARENTENA

Maíz, cría y feedlot: “La foto es buena para el productor, pero la película se detuvo”

Juan Eiras. Mano a mano con el presidente de la CAF.

Juan Eiras. Mano a mano con el presidente de la CAF.

Juan Eiras renueva credenciales al frente de la Cámara Argentina de Feedlot y repasa todos los números del negocio en el medio de la nueva incertidumbre que se instaló en el país.

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

El engorde a corral es una de las actividades esenciales en el medio de la cuarentena provocada por la pandemia del coronavirus en la Argentina. Sin embargo, la situación inédita que mantiene confinadas a casi dos terceras partes de la población mundial tiene consecuencias incluso en aquellas industrias que no frenaron su actividad.
Para Juan Eiras, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, hoy, la foto es buena para el productor maicero, el criador y el feedlotero, pero la película se detuvo.
“Hay una incertidumbre muy grande de lo que puede llegar a suceder en 60 o 90 días”, sostiene quien fue reelegido como presidente, a inicios de abril, en la primera asamblea virtual de la historia de la cámara de la cual participaron 57 de los 220 socios activos de la entidad. (Ver recuadro).
A propósito de su nueva designación, MOTIVAR contactó al dirigente y productor para repasar cuáles son los números de este negocio por el cual pasan siete de cada diez cabezas que terminan en los frigoríficos y de ahí a la mesa de los argentinos o embarcadas camino a los destinos internacionales más diversos.

MOTIVAR: ¿Cuáles son las características para que un feedlot sea negocio?

Juan Eiras: Hay tres modelos de feedlots que son sustentables. Los más pequeños de hasta 2.000 cabezas de capacidad instantánea que soportan la estructura porque tienen una integración a otra actividad agrícola. Es decir, cría o campos mixtos, y diluyen los costos con el resto de las actividades. Luego, están los feedlots medianos, desde 2.000 a 6.000 cabezas. En estos casos, hay integrados, pero también estructuras Pymes que logran ser eficientes a partir del gerenciamiento del dueño y la participación de los miembros de las familias propietarias, donde los cargos gerenciales son el propio ingreso de sus dueños. En el tercer modelo se encuentran aquellos por encima de las 6.000 cabezas con un grado mayor de profesionalización, donde se licuan los gastos al ganar escala. Hoy, los costos de estructura oscilan entre los $10 y $12 por cada kilo que producimos dentro del feedlot y eso incluye sueldos, maquinaria, lubricantes, combustibles y el mantenimiento de toda la estructura.

¿Qué papel ocupa hoy la nutrición en los costos?

Hay diferencias según la región, la lejanía de los puertos de Rosario y Bahía Blanca genera un abaratamiento de los costos de maíz, principal insumo de los feedlots. En el sistema se ha generalizado el uso de subproductos de molienda seca y húmeda, como harinas de soja, girasol y trigo, germen de las polenteras, malta de cervecerías y gluten, las etanoleras que proveen la burlanda y algunos otros bagazos regionales generando un mix en la alimentación. Hoy, la regla de 10 kilos de maíz para hacer un kilo de carne se redujo a unos 9 kilos para alcanzar el objetivo. Es decir, entre $75 y $82, y eso es más eficiencia. Allí, las empresas de núcleos vitamínicos y minerales también han sumado su aporte de la mano de los al menos 200 nutricionistas que hay en todo el país.

¿Cuál es el rol de la sanidad?

La sanidad tiene el mismo costo más allá de las escalas del feedlot. Los honorarios del profesional veterinario no tienen una gran incidencia en la estructura de costos. La inversión por animal oscila entre los $160 y $250 y esa diferencia depende de la marca de productos veterinarios que se utiliza y los planes de vacunación que se aplican.

¿Cuántos ciclos se pueden hacer por cada año?
A medida que los feedlots ganan escala suelen ir por la terminación de animales más pesados, concretando dos ciclos cada 12 meses, mientras que los pequeños buscan hacer novillito liviano de 350 kilos destinado al consumo interno y esto se explica en la capacidad de inmovilizar capital que tienen los primeros.
Los grandes suelen estar integrados a la actividad agrícola y el feedlot resulta una herramienta de agregado de valor al transformar proteína vegetal en proteína animal lo que les permite eludir el transporte de granos a puerto.

¿Qué pasa actualmente con los feedlots más pequeños?

Medianos y pequeños se reservan solo algunos novillos para hacer más pesados, pero suelen hacer ciclos más cortos y pueden alcanzar tres ciclos por año. Mientras que un animal de 450 kilos, destino exportación, requiere una inversión de $ 45.000 que se inmoviliza entre recría y terminación un mínimo 180 días, un animal liviano se compra con la mitad del dinero y se termina en poco más de 100 días. En otras palabras, el giro es mucho más rápido y los plazos comerciales de compra de hacienda e insumos, sin crédito bancario, impiden que esos productores puedan volcarse a terminar animales más pesados.

¿Es negocio tener un feedlot?

La película fue mejorando entre noviembre y diciembre de 2019 con un margen de rentabilidad aceptable donde toda la cadena de producción estaba equilibrada.
Hoy, la foto no cambió, pero se sumó incertidumbre a partir de la cuarentena, porque no se sabe qué pasará con el consumo en el corto plazo. Ya se observa que sobran la achuras porque las parrillas están cerradas y se sumó al fenómeno de Europa, donde la menor demanda de animales especiales por el parate gastronómico propició una caída en el precio de esos novillos de hasta el 15%.
En números, el margen bruto de animales livianos oscila entre $1.500 y $2.200 para una inversión de $ 30.000, mientras que, en novillos, hasta el inicio de la pandemia, iba de $2.500 a $4.000 con una inversión de $45.000 por cabeza.

¿Cuánto cuesta ingresar en el negocio?

En los últimos 15 o 20 años, sin contemplar el valor de tierra, tenemos un menor costo de inversión inicial a medida que nos alejamos de la zona húmeda porque los movimientos de suelo requieren menor inversión en calles, lomas y pendientes. Hoy, el movimiento de suelo es muy caro (siempre lo fue) y si pensamos en un feedlot con calles consolidadas y comederos de hormigón y una platea de tres metros de ancho se requiere un desembolso de US$ 350 por cabeza de capacidad instalada y un mínimo de 2.000 cabezas. A su vez, eso contempla mangas, corrales de aparto, todo el circuito productivo, celdas y algún silo de granos, tanques y bomba de agua con platea de hormigón, un galpón, oficinas y caseríos sumado al equipamiento de maquinaria mínimo que siempre deben estar duplicados. A medida que nos vamos alejando de la zona húmeda, el precio decrece hasta los US$ 250 por cabeza, pero también puede subir hasta US$ 500 si se amplía el uso de hormigón para mayor consolidación de calles.

Los 10 pasos estratégicos del negocio

  1. Inversión infraestructura (por cabeza): US$ 250 a US$ 500.
  2. Inversión mínima (2.000 cabezas): US$ 500.000.
  3. Costos de estructura (por kilo): de $10 a $12.
  4. Costo de nutrición (por kilo): de $75 a $82.
  5. Costo de sanidad (por cabeza): $160 a $250.
  6. Ocupación mínima remondada: 75%.
  7. Inversión por animal: $30.000 (liviano) a $ 45.000 (novillo).
  8. Ciclos año: 3 (terneros) – 2,2 (novillos).
  9. Ganancia de peso (día): 1 a 1,2 kilos (liviano) – 1,3 a 1,5 kilos (novillo).
  10. Margen bruto estimado: $1.500 a $2.200 (liviano) – $2.500 a $4.000 (novillo).

Cargo renovado y sentido de responsabilidad

“La implementación del plan estratégico de la institución, en el marco de los 20 años, elaborado en 2017, busca dotar de un carácter profesional sus vínculos tanto con los ministerios públicos como la relación con los socios”, resume el presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, Juan Eiras, su objetivo en este mano a mano con MOTIVAR.
Puertas adentro, Patricio Reviriego es el director Ejecutivo, un rango a la par de la gerencia general, en manos de Fernando Storni, y a cargo de aceitar la relación público-privada y la pata institucional. “El fin es consolidar este modelo profesional similar a lo que se puede ver en CEPA, con Roberto Domenech, o en ABC, con Mario Ravettino”, confiesa Eiras que tiene una larga data familiar en su rol institucional.
“Mi padre, Juan Carlos Eiras, tuvo un rol activo en la Confederación Rural del Litoral, entre los años 80 y 90. Me crié en una familia de gremialistas y hay un aspecto reputacional al cual le dedicó tiempo, porque siento que me sale de forma innata”, asegura Eiras que, divide su tiempo entre el Grupo Eiras, con feedlots propios en Brandsen y Lobos y las actividades que demanda la CAF.
“Hoy, como presidente, el 50% de mi tiempo está dedicado a la Cámara”, señala y agrega: “Incluso para ser director hay que ser feedlotero activo, es decir, hay que conocer y sentir el negocio, pero todo lo que estamos haciendo en los últimos años, busca dotar al presidente de un rol más de consulta como consejero asesor”.
En la práctica, un equipo de seis personas dirige los destinos de la entidad y para Eiras, se va armando el tejido donde sus referentes se ocupan de las distintas áreas de la cámara que nutre sus arcas de la cuota de sus socios activos y los adherentes, como laboratorios, empresas de nutrición, maquinaría y frigoríficos.

 

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