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EDITORIAL

Hacia un estado de Bienestar

Cada vez son más comunes nuestros diálogos con veterinarios de diversas partes del país sobre el cambio de paradigma que se vive en torno al bienestar de los animales y de las personas que trabajan día a día con y para ellos. Los profesionales son hoy parte de una transición histórica entre cómo se hacían las cosas en el pasado y cómo (y por qué) se deben hacer en los tiempos que corren.

Luciano Aba
@aba_luciano
luciano@motivar.com.ar

Tranquilos. No utilizaremos las próximas líneas para filosofar sobre condiciones laborales, reivindicaciones de los trabajadores, ni tampoco del rol del Estado en garantizar las necesidades básicas de las personas. Hablaremos de sanidad y productividad animal.
¿Pero cómo es eso?
Claro, cada vez son más comunes nuestros diálogos con veterinarios de diversas partes del país sobre el cambio de paradigma que se vive en torno al bienestar de los animales y de las personas que trabajan día a día con y para ellos.
Tanto en un establecimiento ganadero, en un Hipódromo, en la camilla de una clínica de pequeños animales o en un tambo, los profesionales son hoy parte de una transición histórica entre cómo se hacían las cosas en el pasado y cómo (y por qué) se deben hacer en los tiempos que corren.
En esta oportunidad, nuestra mirada no tiene que ver ni con una cuestión proteccionista, ni tampoco ligada a algún concepto cercano a los derechos de los animales.
Vamos por otro lado.
Existen cuestiones básicas que deben estar cubiertas antes que cualquier debate ideológico posterior.
Las Guías de Buenas Prácticas Ganaderas, tanto como el nuevo marco regulatorio promulgado por el Programa de Bienestar Animal del Senasa, son ejemplos claros de que ya llegó la hora de garantizar parámetros mínimos a los animales en condiciones de producción y/o deporte.
Si vamos a producir, como país, deberemos hacerlo bien.
No solo porque la sociedad así hoy lo exige (y porque es lo que corresponde), sino también porque el poder certificar prácticas de Bienestar Animal y estándares básicos en las condiciones de trabajo del personal del campo, será condición para entrar o no a determinados mercados de exportación en el corto o mediano plazo.
Y está aquí el eje de la cuestión.
Aunque no debiéramos, seguimos sorprendiéndonos con la cada vez mayor cantidad de veterinarios dedicados a la ganadería bovina (carne y leche) que en sus propuestas laborales comienzan a contemplar estas cuestiones.
Aún a riesgo de ser tomados a la ligera, hablar hoy de bienestar animal y bajar ese lineamiento en los campos es una necesidad. ¿Y quién mejor que los veterinarios para explicar por qué esto debe ser así?
¿Es un tema de los jóvenes?
¿Hay quienes no creen que la temática sea importante o la subestiman de antemano?
El bienestar animal es sin dudas una necesidad y un compromiso para con la producción sustentable de alimentos.
Garantizar agua, alimento, confort y, sobre todo, una buena salud a los bovinos no pareciera ser una propuesta descabellada.
Pero como siempre, del dicho al hecho, hay realmente un largo trecho… Tan largo como el que muchas veces se percibe entre los rodeos y sus bebederos en algunas zonas del país.
No se trata de una moda; se trata de la posibilidad de consolidar en un solo concepto la imperiosa necesidad de que la producción ganadera avance. No solo como reserva de valor económico, sino como una actividad estratégica para nuestro país, la cual definitivamente tiene que comprometerse a incrementar sus niveles de eficiencia. Se puede.

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