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ESPECÍFICAMENTE EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

¿Qué pasa con el veterinario y las zoonosis?

Un trabajo realizado por profesionales del INTA Castelar y la FCV de Esperanza expone una situación sobre la cual mucho se habla, pero pocos números se conocían hasta el momento.

De la redacción de MOTIVAR
Vía huertas.pablo@inta.gob.ar
htarabla@fcv.unl.edu.ar

Teniendo en cuenta que los veterinarios están expuestos a un alto riesgo de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, los investigadores Pablo Huertas y Emilio León, del INTA Castelar -Buenos Aires- y Héctor Tarabla, de la FCV de Esperanza -Santa Fe- concretaron una investigación en la que se propusieron estimar la frecuencia de zoonosis en veterinarios de grandes animales que desarrollan su labor en suelo bonaerense. También se plantearon describir el uso y la disposición de los elementos de protección personal (EPP), y residuos clínicos veterinarios selectivos.

Contexto legal y normativo

Aunque los veterinarios en Argentina tienen alto riesgo de contraer zoonosis, la adopción de prácticas de seguridad es escasa y la disposición final de los desechos relacionados con el trabajo, como las agujas, es a menudo cuestionable. Los residuos veterinarios son potencialmente nocivos para la salud humana y deben tratarse como residuos médicos veterinarios regulados. Sin embargo, no siempre se incluyen como residuos sanitarios y se han descuidado como contribuyentes al flujo de residuos peligrosos.

El método y la muestra

El 90,6% de los encuestados fueron hombres: un tercio había sido diagnosticado por métodos de laboratorio con una zoonosis (brucelosis 22,6%, dermatofitosis 4,7%, sarna 3,8%, ántrax 2,8%, hidatidosis 1,9%, estafilococosis 0,9% y triquinosis 0,9%).

Brucelosis

Todas las personas afectadas con esta zoonosis trabajaban con ganado vacuno, pero no con cerdos o cabras. Por otro lado, cuantos más años hayan pasado desde la graduación, más tiempo de exposición y mayores serán las posibilidades de enfermarse. Los veterinarios que habían sufrido brucelosis tenían más años de práctica profesional. Los encuestados con más de 18 años de experiencia profesional tenían 5,6 veces más riesgo de padecer la enfermedad que los menores de 18 años de experiencia.
Las variaciones en la frecuencia de la brucelosis en los profesionales están relacionadas con su variación en el bovino. En Santa Fe, la tasa de incidencia de la enfermedad en los veterinarios rurales disminuyó, coincidiendo con el programa de control y erradicación de la brucelosis bovina.

Tabla N° 1: Disposición final de los insumos veterinarios por parte de los veterinarios (Buenos Aires).
Elemento (nº de rtas.) Acción Frecuencia (%)
Siempre A veces Nunca
Guantes de látex (105) Desechar 100 0 0
Guantes para tacto rectal (101) 99 1 0
Máscaras respiratorias (20) 60 10 30
Mamelucos desechables (17) 29.4 35.3 35.3
Agujas desechables (106) 80.2 18.9 0.9
Jeringa desechable (106) 54.7 44.3 0.9
Bisturí (102) 86.3 13.7 0.0
Cuchillo de necropsia (99) Lavar 90.9 6.1 3.0
Lavar y desinfectar 74.7 12.1 13.2
Usar para otras tareas 7.1 10.1 82.8
Ropa de trabajo (106) Lavar por separado 70.8 11.3 17.9
Lavar y desinfectar 15.1 13.2 71.7
Lavar fuera de la casa 9.4 1.9 88.7
Calzado de trabajo (106) Lavar 46.2 33.0 20.8

Elementos de protección personal

Los guantes fueron los EPP más adoptados; sin embargo, otros elementos tienen poco o ningún uso.
Los veterinarios “siempre” usaron guantes para el examen clínico, la cirugía y la necropsia, mientras que el uso de otros EPP fue extremadamente bajo. Pero mientras que nueve de cada 10 entrevistados “siempre” usaban guantes para las palpaciones rectales, las máscaras respiratorias no se usaban para los exámenes clínicos ni para las cirugías.
En las necropsias, solo el 9,1% llevaba mamelucos desechables, el 2% llevaba máscaras faciales y ninguno de ellos llevaba guantes anti-corte (Ver Tabla 1).
Los profesionales que “siempre” usaban guantes se habían graduado menos años antes que los que “a veces” o “nunca” usaban guantes (en cirugía, palpación rectal y necropsia). Sin embargo, la experiencia laboral no es un factor de protección en la práctica de la medicina veterinaria.
Los profesionales mayores y experimentados tienden a utilizar el EPP en el trabajo con menos frecuencia que los jóvenes sin experiencia. Aun sabiendo que la práctica expone a los veterinarios a riesgos para la salud, la mayoría de los encuestados admitió haber asumido riesgos contra su propia seguridad en su trabajo diario.

Residuos clínicos veterinarios

Varios tipos de residuos clínicos veterinarios, como las agujas y jeringas, son potencialmente nocivos para la salud humana y deben descontaminarse antes de su eliminación. Sin embargo, no siempre se desecharon las máscaras respiratorias, los mamelucos desechables, las jeringas y las agujas hipodérmicas.
Más de 1 de cada 10 profesionales no siempre descartó las hojas de bisturí desechables, y esta cifra se elevó a 1 de cada 5 en el caso de las agujas desechables. La reutilización de estos elementos es una práctica común en la medicina de los grandes animales, donde las heridas por punción son muy frecuentes. Volver a tapar las agujas usadas y la falta de contenedores de desecho confiables son factores de riesgo conocidos para las lesiones por pinchazo de aguja.
El cuchillo de necropsia debe lavarse, desinfectarse y dejarse a un lado para que no se utilice para otras actividades.
Sin embargo, el 17,2% de los encuestados utilizaron este elemento para otras tareas y cuatro de ellos no lo desinfectaron después de utilizarlo. Muchos riesgos para la salud tienen su origen en el comportamiento individual y es el propio individuo quien debe tratarlos y controlarlos en gran medida. Sin embargo, uno de cada cuatro profesionales ‘’a veces’’ o ‘’nunca’’ lavó y desinfectó el cuchillo de necropsia y cinco de los 17 profesionales que lo utilizaron en otras actividades ‘’a veces’’ o ‘’nunca’’ desinfectaron esta herramienta. Dos entrevistados admitieron haber usado el cuchillo de necropsia ‘’para preparar comidas’’ o ‘’para comer asado”.

Vestimenta y calzado

La contaminación bacteriana puede sobrevivir en la ropa y es recuperable por contacto breve durante períodos de tiempo sustanciales.
Cuando las superficies o las prendas contaminadas entran en contacto con las manos o incluso con utensilios de acero inoxidable, los organismos pueden transferirse en número suficiente para representar un peligro potencial si entran en contacto con los alimentos. Sin embargo, el 37% de los encuestados no reemplazó su ropa de trabajo hasta la hora programada para lavarse, independientemente del número de días utilizados o de la actividad realizada.
La mayoría de ellos lavaba la ropa de trabajo en casa, pero tres de cada 10 no la lavaban por separado de otras prendas, y el 28,3% añadía desinfectantes. Sin embargo, hay que señalar que el lavado con detergentes solo produce una reducción limitada de la contaminación microbiana y de la ropa, y que algunos desinfectantes químicos, como los hipocloritos, pueden no ser fiables cuando los paños están muy contaminados.
El calzado de trabajo puede estar contaminado con patógenos y ser vehículo de enfermedades. Sin embargo, solo el 46,2% de los encuestados “siempre” lavaba el calzado de trabajo al final de su actividad diaria. Esto contrasta con las recomendaciones de seguridad, que sugieren eliminar los restos de tierra y materia orgánica del zapato, limpiarlo con un cepillo y agua, y desinfectarlo con una solución de yodo antes de salir de la granja o establecimiento.

Conclusiones

Las enfermedades profesionales no ocurren al azar ni son eventos naturales de ocurrencia inevitable.
Considerando estos hallazgos, los autores llegan a la conclusión de que se requiere un cambio de comportamiento para preservar no solo la salud de los profesionales, sino también para asegurar el bienestar de sus familias y garantizar la eliminación adecuada de los residuos potencialmente peligrosos.
¿A quién le cabe esta responsabilidad?
Por un lado, los veterinarios deben mantenerse en contacto con sus organizaciones estatales y locales. También las asociaciones deben vigilar las normas estatales y locales para influir en las decisiones que afectan a los veterinarios y mantener a sus miembros informados de los cambios en los requisitos.
La conclusión es que los veterinarios pueden haberse convertido en las principales víctimas de su falta de cumplimiento de las normas mínimas de prevención.

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