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“Se necesita cada vez más especialización y experiencia administrativa”

Zorraquin. ”El 65% de la tierra no es explotada por sus dueños”.

Entrevistamos al consultor Teo Zorraquin, con quien realizamos un detallado repaso por la actualidad de los principales temas que determinan el éxito (o fracaso) de las empresas agropecuarias en el país.

Dejando atrás la primera mitad de un 2017, con buenas y malas para el sector agropecuario, analizamos la actualidad junto a Teo Zorraquin.
Con una amplia experiencia en la actividad, pasado CREA y un presente que lo vincula con la dirección de la Consultora Zorraquin + Meneses, el entrevistado compartió con MOTIVAR su punto de vista sobre temas estratégicos vinculados al mundo de los agronegocios en Argentina.
“La situación de los campos brilla más en los medios que en los balances”. En base a este primer diagnóstico, Teo Zorraquin llamó a diferenciar claramente qué es un negocio (trigo, la carne, la leche) y qué, una empresa; considerando a esta última como la plataforma sobre la cual se montan las distintas actividades.
“Es clave leer el mercado y entender de qué manera ser competitivos, invirtiendo e incorporando tecnologías, por ejemplo, y no dependiendo exclusivamente de algún tipo de subsidios”, graficó el consultor.

Tiempo de análisis
Siempre dejando en claro que su repaso se focaliza en las producciones que no fueron afectadas por las inclemencias climáticas sufridas en distintas regiones del país, Zorraquin asegura que siempre es importante estar presente en los negocios de carne y leche.
“Lo que no debemos es esperar un boom”, advirtió. Y avanzó: “Por el contrario, seguramente podremos transitar un camino lento que, con la continuidad de políticas locales razonables, confluirá con un mercado global que sigue demandando nuestros productos”.
Dicho esto, Zorraquin sostuvo que tras una cosecha pre eleccionaria (2015) muy buena, la del año pasado fue buena, llegando a la actual que “terminará siendo entre regular y buena”. “En un país con 30% de pobres, podemos decir que la campaña no es mala, pero sí se aleja del concepto de “boom”. En primer lugar, porque nadie se está volviendo millonario en el campo y, después, porque esa idea remite a la existencia de fuerzas externas que nos impulsan más allá de nuestra propia competitividad, cosa que no ocurre”, describió.
Y completó: “Si bien hay algunas caídas en la calidad productiva, el evidente atraso cambiario y aumento en costos estratégicos como la logística dejarán un resultado razonable pero no espectacular”.

MOTIVAR: ¿Por qué la campaña terminará siendo de regular a buena?
Teo Zorraquin: Es llamativo pero básicamente tiene que ver con el caso de aquellos que arrendan su campo o pagan a un socio el equivalente al arrendamiento.
Por supuesto, si uno tiene 5.000 hectáreas propias, es otra la situación, pero la realidad es que en Argentina casi el 65% de las tierras productivas son trabajadas por una persona distinta a su propietario. Esta realidad también avanza en las producciones de carne y, cada vez, de leche. En principio, es clave remunerar el factor “tierra” en las cuentas; después, si uno es propietario, vivirá una situación financiera más holgada.

¿Se da esta situación en otros países productores de agroalimentos?
La estructura productiva que existe en Argentina, donde el terrateniente no es necesariamente el que trabaja la tierra, se repite en Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, pero en una proporción menor.
Es una tendencia que avanza porque el negocio necesita cada vez más especialización y experiencia administrativa. Quien busque escala necesita profesionalismo técnico, administrativo, logístico y comercial.
Un dato clave tiene que ver con que la ley de Herencia nacional genera que, al pasar de manos, los campos se atomicen entre integrantes de la familia (se pierde escala) sin vocación que terminan ocupando el rol de accionistas pasivos: mantienen el patrimonio tierra, pero deciden no explotarlo.
No es una acción ni buena, ni mala de por sí; hablamos de una tendencia.
En ese sentido, vale recordar que si bien los pools de siembra fueron demonizados, ayudaron a profesionalizar el negocio agropecuario con conceptos de escala y una mejor comercialización. Muchos creyeron que terminaríamos con solo cinco grandes jugadores, con millones de hectáreas cada uno, situación que no ocurrió, ni va a ocurrir en el mediano plazo. Por el contrario, vemos pequeños grupos que con, campos propios y otros alquilados, avanzan democratizando el acceso a la actividad sin superar en muchos casos las 50.000 hectáreas.

¿Y particularmente en ganadería?
La carne ya había mejorado incluso antes del cambio de gobierno, la tendencia se mantuvo un año y medio, pero ahora se movió el eslabón. En los últimos tres años el criador logró una renta más razonable, con terneros de hasta $40 el kilo; tuvo el estímulo para que su fábrica produjera. Hoy esa renta sigue siendo positiva, aunque comenzó a deteriorarse, mejorando el eslabón siguiente, un invernador que sigue pagando el mismo precio por cada kilo de ternero, pero con valores de entre $30 a $34 por su novillo.
Será clave que, frente a esta situación, no se deteriore la fábrica nuevamente.
Si analizamos en tramos de 10 años, desde 1997, vemos que la relación entre los actores es 1,16. Es decir que el kilo de ternero es 16% más caro que el de novillo.
En la primera de estas décadas, el índice fue de 1,07; en la siguiente subió hasta el 1,15; y en la última (2007 a 2017) llegó a 1,30 básicamente por el cierre de las exportaciones y la falta de estímulo a la producción. Faltaron terneros, con el consecuente impacto que ello tuvo sobre la situación de los feedlots.
Una relación de equilibrio lógica rondaría entre el 1.15 a 1.20.
En ese contexto, ambas actividades pueden convivir, más allá de que lógicamente después depende del mercado.
¿Y qué ocurrirá con la llegada de más terneros al sistema?
Si no ganamos los mercados internacionales rápidamente, esto representará un deterioro para los criadores, lo mismo que nos puede pasar en trigo. No perdamos de vista que todo exceso de oferta que no sea acompañado por una mayor demanda, perjudica en el corto plazo la renta.

¿De qué manera la lechería se inserta en este contexto?
Hoy vemos una actividad que tiende a recuperarse, básicamente, por los litros de leche que se perdieron en este tiempo. Una vez más, la explicación de la oferta y la demanda.
La foto es mucho mejor que hace dos años, pero la película sigue siendo mala. Todavía falta. Las ganancias actuales en muchos casos no cubren las pérdidas de los últimos años. Recuperamos la tendencia positiva, más allá que hay tambos que siguen sin lograr recuperarse patrimonialmente.
Ahora bien, si el consumo local se mantiene y logramos avanzar en exportaciones como objetivo, tendremos un precio traccionado por dos variables, situación que seguramente se verá reflejada en el ingreso del productor.
¿Sobre qué cuestiones transversales a estas actividades trabajaría?
Hoy la enorme presión tributaria argentina hace difícil el desempeño de cualquier rubro empresario – productivo.
Mientras que en otros países de América Latina, Asia o Europa, esta presión no llega al 30% del PBI, nosotros estamos en 37%.
Particularmente en el caso del agro, se debería seguir avanzando sobre algunas distorsiones, como lo pueden ser las retenciones a la soja, el impuesto al cheque, y sin dudas todo lo que tiene que ver con un pago de ingresos brutos, que muchas veces supera (en porcentaje) la rentabilidad neta del productor. Entiendo que el impuesto a las Ganancias y el IVA son con los que el Estado puede recaudar, veremos cómo se desarrolla este tema a lo largo de 2018.

¿Cómo evalúa la situación financiera de las empresas agropecuarias?
De manera resumida podemos decir que la renta positiva de los últimos dos años alivió la situación de muchos, lo cual se sumó a la aparición de créditos sustancialmente más interesantes a los que nos habíamos acostumbrado.
Más allá de esto vemos que falta liquidez en las empresas: la plata rinde poco y por ahora puede suplirse con las dos variables que mencionamos anteriormente: renta de los últimos años y créditos. No vemos un riesgo de corte de cadena de pagos.

¿Cuál es la expectativa al mediano plazo?
En los próximos años, Argentina seguirá siendo un productor de commodities que también podrá posicionarse como transformador de proteína vegetal en animal.
Las actividades primarias seguirán siendo rentables, pero con altibajos. Este es un negocio en el que se gana y se pierde, debemos entenderlo.

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