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CONTROL INTEGRADO DE PARASITOS EN BOVINOS

“Es posible perder menos kilos con tratamientos racionales”

Compartimos parte de una publicación en la cual se repasa la historia de los tratamientos antihelmínticos, sin perder de vista también la importancia de avanzar en un uso racional de las tecnologías disponibles.

M.V. MARTIN CORREA LUNA
INTA Venado Tuerto

La presencia de parásitos gastrointestinales en bovinos fue siempre reconocida por los ganaderos, aunque el método más común para combatirlos estuvo ligado, generalmente, a recomendaciones basadas en costumbres de lejanos tiempos: las prescriptas en el histórico plan sanitario o por “decreto”, donde se realizaba una dosificación -no negociable- al destete durante el otoño y otra -menos cuestionada- a la salida del invierno o primavera. Estas medidas eran tomadas más allá de las circunstancias epidemiológicas o ambientales.

 

¿Qué pasó con los fármacos?

En este punto, la historia es larga. Se utilizaban antiguas formulaciones magistrales con variadas drogas (arecolina, fenotiazina, piperacina, organofosforados, etc.) hasta que las compañías de productos veterinarios desarrollaron modernas drogas que mejoraron la eficacia de los tratamientos antihelmínticos. Así, evolucionaron desde los viejos vermífugos a los más modernos vermicidas. A estas le sucedieron drogas de muy baja toxicidad, cubriendo un amplio espectro de acción respecto de los géneros gastrointestinales y con mayor efecto hacia todos los estadíos parasitarios.
Aun así los avances no se detuvieron, llegando a la era de endectocidas que hicieron una revolución en la lucha contra los parásitos debido a su mayor cobertura, combatiendo helmintos gastrointestinales y ampliando más su poder al actuar también sobre parásitos externos de acción hematófaga.
A su vez, es interesante considerar cómo se modificó el período de metabolización de la droga en el organismo animal, pasando de las 48 horas de acción con las antes mencionadas, a semanas con endectocidas.

Cuadro Nº1: Diferencias productivas en invernada de novillos 
A.P.V. /nov. Dif./nv. Dif./ha**
Desparasitados con diagnósticos 220 kg +20 kg +60 kg
Sin desparasitar 200 kg
**Carga: 3 novillos/ha

La vía de aplicación también se vio modificada desde la administración vía oral, hasta aplicaciones intrarruminales, inyectables, también tópicas (pour-on), para combatir parásitos internos y externos; bolos intrarruminales de liberación lenta.
Se puede afirmar que estas tecnologías de insumo lograron un cambio por su mayor eficacia en los tratamientos médicos debido a que, en general, son más seguras, tienen menos efectos colaterales y porque hacen falta volúmenes muy superiores a la dosis prescripta para producir toxicidad.

¿Y las tecnologías de proceso?

Son las relacionadas al manejo racional y técnico de los problemas; se refieren más a una inversión intelectual y requieren asesoramiento profesional, tiempo de estudio, análisis de laboratorio, diagnóstico específico y cierta capacitación del personal de campo.
Pero, sobre todo, buscan pensar más en un sistema de control integrado de parásitos, donde se consideren no sólo los animales y el negocio, sino también la mejora en la salud animal; sin alterar la salud pública, ni el medio ambiente.
Desde ya que todo esto es más difícil “vender”, porque da la sensación de complicar los procesos cuando, de alguna forma, el problema ya estaba bastante controlado, en apariencia.

Cuadro Nº2 : Impacto productivo de la enfermedad parasitaria :
Carga: 3 Cab./ha Cada 100 ha Cada 500 ha Cada 1.000 ha
Diferencias (kg/ha) 6.000 kg 30.000 kg 60.000 kg
Costo Antiparasitario (kg/ha) 60 kg 2.000 kg 4.000 kg
Diferencias totales (Nov. 400kg) 14 cab. 70 cab. 140 cab.

De esta manera, luego de recorrer un largo camino en la búsqueda de las recomendaciones más sencillas y útiles, una conclusión a la que se puede arribar es que no es posible anular definitivamente los problemas ocasionados por los parásitos gastrointestinales.
Pero sí se puede tratar de convivir con ellos, sin que ocasionen muertes ni daños clínicos y de esta manera, a nivel productivo, es posible perder menos kilos con tratamientos racionales.

Medir las pérdidas

Desde la década del ´70 se iniciaron trabajos para ajustar estrategias de control vigilado (Entrocasso, Steffan, Fiel y otros), considerando no sólo el diagnóstico parasitológico sino las pérdidas productivas por parásitos. Esto permitió demostrar los niveles de pérdidas de producción de carne debido a la actividad parasitaria en los animales susceptibles, según la carga parasitaria, géneros y su relación con las condiciones ambientales presentadas.
Vale decir que durante los últimos 20 años se ha conseguido disminuir las pérdidas productivas, aplicando variados métodos de control (vigilado, supresivo, táctico, estratégico, otros). En casos de graves parasitosis ocurrían notables pérdidas entre 45 y 60 kg por animal, y en lo de parasitosis leves o subclínicas sin tratamientos, se perdían sólo 20 kg/cab.
En los casos con diagnóstico parasitológico, fue posible lograr estrategias con óptimas respuestas al dosificar, en forma racional, los antiparasitarios. Esto sin que se adviertan los kilos perdidos y sin signos clínicos del “efecto parásito”, pudiendo llegar a una pérdida significativa en la producción (ver Cuadro Nº 1).
Si el costo del tratamiento antiparasitario, sumado al diagnóstico parasitológico y la mano de obra para desparasitar suman 6$/cab. o 18$/ha o 1 kilo de novillo, descontados a los 60 kg/ha de diferencia por desparasitar, quedaría un margen de 59 kilos a favor de los animales desparasitados.
En el Cuadro Nº2, cuando se acumulan estas diferencias productivas, se puede observar el notable impacto productivo y económico que pueden tener estas pérdidas subclínicas.

Vínculo entre médicos veterinarios y productores

Recientemente, se ha logrado una mayor transferencia y difusión de los avances de parasitosis en bovinos entre profesionales y ganaderos, obteniendo como producto principal una mayor atención profesional y un mejor control sobre la enfermedad parasitaria. Pero también se consiguió despertar más sobre la conciencia y esencia del problema en los ganaderos, al tratar de no llegar tarde con los tratamientos: cuando ya hay muertes o síntomas, el gran daño físico y las pérdidas ya se han producido.
Pero, cuando se logró convencer que los parásitos no descansan y tampoco perdonan, aparecieron los extremistas que -simplificando excesivamente las cosas- desparasitaban muy seguido o casi todos los meses, lo cual además de ser excesivo y antieconómico, desconoce el daño ambiental que verdaderamente pueden ocasionar. Una de las peores consecuencias es que cuando se dosifica con excesiva frecuencia y sin diagnóstico, se favorece la generación de resistencia de los parásitos a las drogas antihelmínticas utilizadas.
La resistencia a los antihelmínticos es una realidad en los países más desarrollados; existen ya evidencias del uso desmedido e indiscriminado de los mismos en nuestro país y no es difícil hallar resistencia en derivados de avermectinas, que fueron las más utilizadas durante los últimos años.
Uruguay, por ejemplo, dispone de datos de que su majada nacional es desparasitada -en promedio- unas 10 veces por año, permitiendo la aparición de resistencia de los parásitos a la mayoría de las actuales drogas.
Otro ejemplo reciente en Argentina, es la pérdida de eficacia de los piretroides pour-on utilizados para el control de la mosca de los cuernos, las cuales han desarrollado resistencia por un uso indiscriminado y masivo.
Del mismo modo, las garrapatas han generado resistencia a todos los garrapaticidas utilizados.

Las estrategias

Los programas de vigilancia o control parasitario varían según la escala del establecimiento, gravedad del problema, zona del país considerada, tipos de recursos forrajeros, planteo de invernada, genética y otros.
Pero es posible utilizar programas de control, donde mediante observaciones en animales y pasturas con muestreos periódicos (de materia fecal) se puedan realizar recuentos de huevos de parásitos, sobre todo en las categorías más susceptibles (animales menores de 1 año) y en las épocas de mayor riesgo parasitario (otoño-invierno). Con esto, se determinan las tendencias parasitarias y productivas de acuerdo a la respuesta a las dosificaciones administradas, como así también se establece en alguna medida la eficacia de las drogas empleadas, pudiendo definir la droga a usar en cada situación.
Existen ejemplos de empresas ganaderas, tanto en rodeos para carne como para leche, que destinan importantes recursos en genética animal para lograr avances productivos, donde no se evalúan bien los efectos que ocasionan los parásitos gastrointestinales. De esta forma, se enmascaran los potenciales aumentos genéticos de producción, que nunca llegan a ser bien expresados por falta de programas adecuados de control parasitario. Entre otras cosas, esto ocurre debido a que es más difícil vender estas llamadas tecnologías de procesos porque es “complicar” un poco más el manejo.
Cada vez es mayor el número de productores que entienden esto y aceptan que el asesoramiento veterinario no es necesario solamente cuando se declara una enfermedad o cuando ya existe un determinado problema de producción.

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