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¿VAN GANANDO LAS GARRAPATAS?

“Suán Le” (Olvídense)

JAVIER AZPIROZ COSTA
Presidente de la Sociedad Rural de Goya, Corrientes

Foto GoyaA fines de los años ´50, en el «Gran Salto Adelante Chino», Mao Tse – Tung lanzó la campaña de las «Cuatro Plagas», ordenando «erradicar» del país a especies consideradas enemigas de la revolución: ratones, moscas, mosquitos y gorriones.

Con el tiempo, alguien en Estados Unidos se percató de que «los gorriones comen más insectos que grano». Ya era tarde: disminuyeron los gorriones y las langostas se multiplicaron terriblemente, contribuyendo a agravar la «Gran Hambruna China» (murieron decenas de millones de personas).

Mao tuvo que aceptar su error y ordenó dejar en paz a los pajaritos.

Los medios comenzaron a difundir una nueva instrucción: «Suán le» (olvídense).

En secreto, la URRSS de Kruschov, envió 200.000 gorriones, intentando evitar el desprestigio del líder.

 

Precursores criollos

Más allá de la tragedia, es divertido pensar que Mao podría haberse inspirado en una patriada argentina: la Ley Nacional 12.566. Fue hace 75 años, cuando decidimos erradicar de nuestro país a la garrapata común del ganado, principal -pero no único- transmisor de la enfermedad de la «tristeza» que afecta a los vacunos cuando son susceptibles, por no haber tenido contacto con garrapatas en los primeros meses de vida.

En la falta de realismo de sus metas, la propuesta se parece a la decisión de Mao aunque sin la connotación de estropicio ecológico de la hecatombe de pajaritos.

El plan era -y en los papeles sigue siendo- avanzar de sur a norte eliminando las garrapatas. Para ello, durante tres ó cuatro años, todos los vacunos de la «zona de lucha» debían sumergirse regularmente en baños garrapaticidas.

Tras cada avance se ampliaría la «zona limpia o indemne» y la campaña podría recomenzar hacia el norte encarando una nueva «zona de lucha activa», hasta llegar a la frontera con Bolivia, Paraguay o Brasil.

En la estrategia hay una onda militar evidente, aunque en esta guerra, hace 30 o 45 años que el frente o «zona de lucha» está empantanado en los mismos lugares.

Pero este «status quo» es fantasioso, porque en la realidad se retrocedió y «La Lucha» terminó pareciéndose a una de esas guerras olvidadas, que transcurren en lugares remotos.

Recordemos que en marzo de 2004, Corrientes inició el enésimo relanzamiento de «La Lucha», pretendiendo que en tres años bajaría a menos del 1% la proporción de establecimientos infectados en la zona denominada «indemne».

Pero en 2011, en Goya, por ejemplo, estaba «sucio» el 17.4% de los campos; en Curuzú Cuatiá el 30%, en Paso de Los Libres el 58% y en Sauce el 60%.

Para el 2013 la situación era aún peor.

Así mismo, tras una auditoría sobre el avance de la campaña en Entre Ríos, el Dr. Atilio Mangold (INTA Rafaela) concluía que: «con menos de 200 establecimientos clausurados en siete departamentos (con y sin tratamientos) se puede hablar de un gran avance y de un éxito en el programa de erradicación». ¿Cómo serán entonces los fracasos, no?

De alguna manera y sin abandonar la parábola militar, vale la imagen patética de esos soldados japoneses que, décadas después de Hiroshima, se mantenían beligerantes en islas remotas, esforzándose en negar a los demás o a si mismos, no ya la derrota, sino la sospecha de que ni siquiera había una guerra que mereciera llamarse tal.

Resulta que matando bastantes e incluso todas las garrapatas de las vacas de una región (hipótesis definitivamente improbable) los tenaces bichos siguen estando o vuelven a aparecer, porque también parasitan caballos, ciervos, chivos y otras especies. Para colmo, en ambientes cálidos y húmedos, el ciclo reproductivo de la garrapata se vuelve frenético. En los 7 u 8 meses más cálidos, el lapso entre baños no puede superar los 21 días. Asimismo, cuanto más al norte se avanza, más selvas, «malezales» y pajonales complican la recolección de todo el ganado. Y por si esto fuera poco, parece que las garrapatitas chicas suelen trepar a aves u otros animales silvestres, así viajan de un campo a otro o de un país a otro, ignorando manuales de parasitología y zonificaciones arbitrarias.

Resumiendo: lo que parecía fácil por las primeras experiencias exitosas en la pampa húmeda o el sur de la Mesopotamia, fue, como en un palo enjabonado, haciéndose más y más difícil.

En definitiva es hora de acabar con esta zoncera y que de una buena vez, alguien tenga el sentido común de decir: «Suán le».

Claro que no es tan sencillo cambiar la estrategia. En la «zona de lucha» hay menos garrapatas que antes, por eso una parte de los vacunos ya no es resistente y no puede dejar de ser bañado: podría morir ante un incremento en la población de ácaros. En áreas donde se lanzó la lucha sin lograr la erradicación, una parte imprescindible de la solución es recuperar la inmunidad-

Para ello, durante algún tiempo habrá que inocular a las terneras que serán las futuras madres (inmunización artificial mediante «hemovacunas»).

Luego tendremos que asumir un retroceso ordenado y cuidadoso hasta un límite definido con criterio realista, fácil de vigilar y mantener (esquema australiano).

¿Qué nueve años es mucho?

Depende de la óptica con que se mire; porque sin dudas son menos que 75.

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