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Hola verano, hola calor… Chau $300 millones para la lechería nacional

31 de enero de 2012 - 23:02

» Especialistas del INTA cuantificaron las pérdidas que se generan en los tambos argentinos por no implementar las medidas de manejo adecuadas a los meses del verano.
Secretos de una ineficiencia totalmente solucionable.

De la redacción de MOTIVAR

Bien cuidadas. Los problemas de productividad comienzan pasados los 27 grados.

Si este artículo tuviera por finalidad mencionar que en verano  hace calor y que dicha consecuencia climática afecta el desempeño físico de los animales, no estaríamos considerando seriamente las capacidades académicas de nuestros lectores.
Lejos de ello, tenemos algo que agregar a la obviedad anteriormente mencionada: según especialistas del INTA -y en base a la implementación de distintas estrategias de manejo- se pueden evitar pérdidas anuales por $300 millones a nivel nacional.
Los números son más que elocuentes, pero ¿en qué se fundamenta esta afirmación? Vayamos por partes. A fines de diciembre se presentó el libro: «Producción y bienestar animal. Estrés por calor en ganado lechero: impactos y mitigación», escrito en conjunto por Silvia Valtorta (investigadora del Conicet) y Miriam Gallardo (investigadora del Instituto de Patobiología), ambas del INTA Castelar. En dicha publicación se señalan algunos mecanismos que se pueden utilizar durante los meses más calurosos del año para no perder terreno en cuanto a la productividad de los tambos e inclusive mejorarla un 20% en meses históricamente difíciles para la lechería   argentina, en su conjunto.
Del lanzamiento del libro también participó el especialista israelí y consultor en estrés térmico, Israel Flamenbaum, también ex director del departamento de Ganadería del Ministerio de Agricultura de su país (Ver Recuadro).

Perder plata
Las altas temperaturas representan una de las principales barreras a la hora de trabajar sobre la eficiencia y productividad de los animales en el tambo.
Este déficit es perjudicial no sólo en el verano, sino que se extiende durante el resto de la temporada. Ante este panorama, con dietas equilibradas, abundante agua y sombra es posible mejorar del 20% en la producción y en la calidad de la leche lograda en los establecimientos.

«La relación costo beneficio del enfriamiento es muy alta»

Adelantados. Israel Flamenbaum junto a Daniel Ferraro y Emilio Muro.

Israel fomenta desde hace años el crecimiento productivo de su sector lechero a través de la inversión en tecnología.
Traducido en números: el país de Medio Oriente cuenta con una importante producción, cuyo 96% corresponde a leche bovina. Asimismo y según datos de la FAO, dispone de un consumo interno per cápita de 178 kilos al año.
Según Israel Flamenbaum, el principal método empleado en su país para aliviar el estrés calórico en vacas de alta producción se basa en el enfriamiento de la superficie corporal de los animales. «El sistema utilizado combina ducha y ventilación forzada en ambientes abiertos como la sala de pre-ordeño y los corrales de reposo. En las condiciones del verano israelí, la combinación de aspersión, seguida de ventilación en ciclos de 30 a 45 minutos y aplicada con intervalos de 2 a 3 horas (6 – 10 veces por día), fue capaz de mantener a las vacas de alta producción frescas durante la mayor parte del día».
Al referirse a la realidad argentina, el especialista señaló que: «En los últimos años los productores tomaron conciencia real del costo beneficio que significa trabajar seriamente este tema.
La pérdida económica más grande no son las vacas muertas sino las vivas que dejan de producir. Si una vaca pare en el verano y no la enfriamos va a perder hasta dos litros de su potencial y no lo va a recuperar nunca más».
A mediados del pasado 2011 y gracias a la gestión de los médicos veterinarios Daniel Ferraro (www.ppcl.com.ar) y Emilio Muro, el Periódico MOTIVAR tuvo la posibilidad de entrevistar a Flamenbaum, quien explicó que «cada cuatro litros más que la vaca produce, se logran 100 watts de calor a disipar. Queda claro que una vaca de 40 litros es un horno caminado.
Si no les otorgamos las condiciones adecuadas para que disipe ese calor, nunca llegará a los niveles de producción que los productores esperan».

Al momento de presentar su investigación, Miriam Gallardo señaló la importancia de que el productor comprenda el impacto del calor sobre el consumo, la nutrición, la fertilidad y la producción de su empresa: «El estrés por calor es uno de los fenómenos atmosféricos con mayores consecuencias sobre la salud y el desempeño productivo y reproductivo de las vacas lecheras, ya sea bajo condiciones de pastoreo, como así también de confinamiento», resumió.
Asimismo la autora del libro que presenta estrategias para minimizar las pérdidas que genera esta realidad aseguró que «las herramientas y metodologías que se proponen en la publicación pueden significar el éxito de la empresa cuando se atraviesa un período clave como el verano».
Según los especialistas del INTA, los problemas comienzan cuando la temperatura del  aire excede los 27° C, ya que el animal siente el efecto del calor en exceso, siendo afectado negativamente y generándole cambios fisiológicos y de comportamiento, frente a la necesidad de mantener su balance térmico y las funciones orgánicas.
Además de esto, Silvia Valtorta agregó que las vacas sufren una disminución en el consumo de materia seca, cae la tasa de concepción -con el peligro de que mueran embriones- y, que se registran mermas en la producción cercanas al 20%. En este mismo sentido, Israel Flamenbaum aseguró que con estrategias de manejo -ambiental y nutricional- es posible mejorar el rendimiento del ganado lechero: «Enfriar a las vacas incrementa hasta US$ 150 la ganancia por animal al año», sostuvo.

Dejar de perder plata
Las estrategias de manejo presentadas por las funcionarias del INTA están relacionadas con el bienestar animal y el confort: «En verano, o ante situaciones de olas de calor, lo principal es evitar que los animales estén a la intemperie y que se desplacen por distancias largas para ir a la sala de ordeñe», señaló Valtorta y agregó: «Cuando hace mucho calor -desde las 9 de la mañana hasta las 17 horas- el ganado en pastoreo deja de comer y busca sombra, que puede ser artificial (estructuras instaladas en lugares estratégicos con media sombra) o natural (árboles).
Es importante que las vacas cuenten con tres metros cuadrados de superficie con sombra, por animal».
Los especialistas coincidieron en que se debe disponer de buena sombra, pisos limpios y bien drenados, excelente calidad y disponibilidad de agua, ya que una vaca lechera -en verano- puede tomar más de 100 litros de agua por día.
Por otro lado, el manejo ambiental también implica la utilización de sistemas de refrigeración. Valtorta explicó que para disminuir el calor corporal es importante el uso de un sistema que ayude como los aspersores y ventiladores en el corral de espera. «La adecuada combinación de agua y aire ayudará a la vaca a recuperarse más rápidamente».
El manejo nutricional es apuntado como otro de los ejes fundamentales a tener en cuenta. Para esto, es importante el suministro de dietas equilibradas y de mayor contenido energético, permitiendo que el calor interno, producido por el animal, no sea excesivo. «Las dietas frías -que significan menos volumen con mayor densidad de energía- son las que funcionan mejor», expresó Gallardo.

Decisión estratégica
Para Gallardo, los cuidados se deben acentuar en animales de alta producción como lo es la raza Holando Argentina: «Las que más producen generan mayor calor interno por el consumo de alimentos. Así, las vacas en ordeñe son más susceptibles al estrés calórico que las secas, debido al mayor calor metabólico generado durante la lactancia», indicó.
En cuanto a la inversión y resultados Gallardo afirmó que con la puesta en práctica de estas herramientas, los tambos pueden mejorar un 20% su productividad, mientras que sólo con la adopción de sombra se consigue un 12%.
Si bien estas acciones representan un gasto adicional para el productor, la inversión, según Gallardo, «se recupera al finalizar del primer verano».
Comprender las causas ayudará a entender las consecuencias y encontrar las soluciones. Así, con un ajuste preciso en el manejo, se puede reducir el estrés animal, atenuar las caídas en la producción y calidad de la leche y evitar pérdidas que alcanzan los $300 millones por año en nuestro país.

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