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Una combinación explosiva

13 de enero de 2011 - 11:51

La consulta pública llevada adelante por el Senasa a través de su sitio Web (www.senasa.gov.ar) con relación a la implementación del Libro de Registro de Tratamientos de Productos Veterinarios por parte de los establecimientos agropecuarios arrojó resultados negativos desde el punto de vista de quienes intervinieron. Más allá de posibles errores en la instrumentación propuesta por el organismo sanitario, el objetivo de trabajar sobre la inocuidad de los alimentos no se discute. Es necesario.
Sin embargo, las personas que participaron de la consulta pública -en su mayoría productores ganaderos, dejó en evidencia el pensamiento de los mismos respecto de la importancia de la participación de los médicos veterinarios en sus campos.

El Consejo Veterinario del Chaco, de acuerdo
La entidad manifestó su acuerdo al proyecto por estas razones.
1- La presencia de residuos en alimentos de sustancias químicas son causa potencial de afecciones a la salud humana.
2- Esas sustancias fueron incorporadas en el proceso de producción y no pueden ser eliminadas posteriormente.
3- El productor es responsable del alimento que produce, y tiene que arbitrar los medios para que en el predio no se incorporen sustancias no autorizadas y que cuando se utilicen sustancias autorizadas se guarde el tiempo necesario para el período de retiro.
4- La prescripción de uso de un producto veterinario tiene el fin de que quienes resulten aplicadores cuenten con el asesoramiento preciso.
5- Todo productor de alimentos tiene la responsabilidad de asegurar y demostrar la inocuidad de lo que produce.
6- Este aseguramiento, valoriza el producto. Esto no es un trámite burocrático.
7- Deben ampliarse los plazos de entrada en vigencia para informar a los distintos actores de la cadena productiva, para que puedan adaptarse.

«La instauración del libro de registro de tratamientos sanitarios, generará inconvenientes operativos, mayores trabas y requisitos burocráticos para el productor, y no garantizará nada en el cumplimiento de los requisitos de carencia en cuanto a la utilización de algunos productos veterinarios. Pretender que para cada práctica de manejo sanitario en un establecimiento se requiera la prescripción médica y la certificación de un veterinario es innecesario, poco práctico e ineficiente. Los productores que utilizan y valoran los servicios de un veterinario, no necesitan la prescripción para utilizar un curabichera o una ivermectina sino para aquellas prácticas donde sin duda es necesaria su intervención. Si el objetivo es garantizar la inocuidad de los alimentos, considero que ni este libro, ni los requisitos enunciados en la Resolución, colaborarán a lograr dicho propósito, ya que si algún productor tiene previsto la utilización de una sustancia prohibida, de ninguna manera lo hará constar en el libro, ni habrá profesional alguno que se lo prescriba. Por otro lado, si por desconocimiento o negligencia, utiliza una sustancia permitida, pero no respeta los tiempos de restricción de faena, tampoco lo hará constar en dicho libro. Debería buscarse un mecanismo que, ante la detección de sustancias prohibidas o permitidas en exceso en carnes (en planta frigorífica) genere las acciones correctivas sobre quienes incumplen las normas .
Este comentario resume el espíritu de las otras más de 30 opiniones disponibles en la página del Senasa.

¿Para qué un veterinario?
El debate sigue en marcha, pero resulta importante analizar los dichos de otros tantos productores para comprender cuál es realmente la visión que sostienen respecto de la profesión veterinaria. En este sentido, otro comentario hacía referencia a que «sólo pensar que ante un animal enfermo, en vez de ir a mi bien equipado botiquín y tratarlo, tendré que hacer 40 kilómetros de tierra y ruta hasta el pueblo, conseguir al veterinario, volver, y recién ahí poder atenderlo, no me parece demasiado practico. Además, ¿quién mejor que el productor para cuidar de lo que le pertenece, de lo que mejor conoce y de lo que mejor hace?
Para terminar creo que la puesta en marcha de ese plan puede llevar a la gente a pensar que lo que realmente se busca es un aumento de la burocracia (paga por el productor) y de las trabas, que atentan contra la transparencia del mercado .
Queda claro, entonces, por dónde pasa la discusión.
«Las medicaciones y vacunaciones que los ganaderos practican, son las muy conocidas desparasitaciones y prevenciones de enfermedades comunes y algún antibiótico en tratamientos individuales. Si se sospecha de algún producto que afecte a la población humana, con prohibir su fabricación desde los laboratorios sería suficiente , agrega otra opinión, haciendo referencia a la necesidad de controlar la calidad de los medicamentos presentes en el mercado.

¿Una exageración?
Fue muy interesante poder analizar los comentarios que formaron parte de esta consulta pública, en la cual tanto la FEVA, como el Consejo Profesional de Médicos Veterinarios del Chaco se hicieron presentes (Ver recuadro). Más allá de esto, las opiniones no se mostraron a favor de la implementación, por distintos motivos.
«Considero a la medida exagerada, inadecuada y totalmente alejada de la realidad productiva del país. En caso de que estos presupuestos no se cumplan, lo único que conseguiremos es cada vez mayor resistencia y menor acatamiento. Creo suficiente para lograr los fines propuestos analizar la carne una vez faenado el animal que, gracias a la trazabilidad, permite identificar de donde viene el problema y tomar las medidas necesarias.
Me parece una utopía pensar que se va a cumplir con este requisito con veracidad.
Entiendo que la manera de garantizar la sanidad de los animales, con la consecuente inocuidad de los alimentos es que en el mercado sólo haya productos veterinarios que tengan composiciones químicas aceptadas por las normas vigentes. La mayoría de los productores sólo utilizamos los productos que se compran en el mercado.
Me parece imposible de controlar y de registrar la totalidad de los tratamientos sanitarios que se le hacen a un animal (y al total del rodeo argentino), como así también el archivo eficaz de esta información , resaltaba otro productor ganadero.
Por último, también vale la pena mencionar aquellos comentarios que, de algún modo, se mostraron a favor de la propuesta, aunque detallando la necesidad de otorgar mayores plazos para su cumplimiento real. «Somos conscientes, que como todo cambio, requerirá un período de adaptación y aceptación. Por lo tanto sugerimos que la norma comience a regir en la fecha establecida, pero con una salvaguarda de no exigibilidad por 90 días. En este tiempo se deberá instrumentar un sistema de comunicación que, a través de las entidades de productores y veterinarios, sirva de concientización y capacitación a fin de lograr una adecuada implementación .
Queda claro que los productores ganaderos, al menos los que expresaron su opinión en esta oportunidad, subestiman la importancia del asesoramiento veterinario, suponiendo que están capacitados para llevar adelante las distintas prácticas sanitarias por sí solos. Obviamente esto no es así… basta con analizar los índices productivos de nuestro país.

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