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Conductas, estrés y grupos

30 de abril de 2010 - 23:06

 

sello-bienestar-animal

Por el Dr. Rodolfo Acerbi

Docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil

Como se deduce de los artículos publicados hasta el momento respecto del bienestar animal en cerdos, la vitalidad y supervivencia del lechón dependen en gran medida de la cerda.
Su influencia se podría dividir en cuatro grandes categorías, las cuales son claramente descriptas por el especialista español Antonio Velarde.
Durante la gestación: Las investigaciones en este sentido se concentraron mayoritariamente en los intentos de mejorar el peso al nacimiento de los lechones y sus reservas energéticas, fundamentalmente mediante estrategias nutricionales como el aumento del plano alimentario de la cerda o del contenido de grasa de la ración. Como se ha descrito previamente, el régimen alimentario durante la gestación es fundamental para el desarrollo de una buena lactación y para la facilidad del propio parto. Sin embargo, los estudios que se han realizado para mejorar la vitalidad del lechón han concluido que el aspecto clave es la transferencia placentaria de los nutrientes o suplementos que se administren, más que el propio estado metabólico de la madre. Como se ha comentado, algunos autores han observado que la inclusión de ácidos grasos de cadena larga en la dieta de las gestantes reducía la mortalidad por aplastamiento, lo cual estos autores atribuyeron a una mejor vitalidad del lechón puesto que sus concentraciones tisulares de este tipo de ácidos grasos habían aumentado (es decir se produjo un intercambio de estos compuestos). Otros estudios sugieren que minerales como el calcio y el fósforo también resultan fundamentales, aunque investigar el papel de la transferencia placentaria de estos y otros componentes puede resultar fundamental para obtener conclusiones más definitivas.
Durante el parto: Ya se ha hecho hincapié en la importancia de evitar los factores estresantes entorno del parto, para evitar duraciones totales del parto o intervalos entre el nacimiento de dos lechones muy largos y, en consecuencia, problemas de hipoxia del lechón. Otros factores como el nivel de ejercicio durante la gestación, el tamaño de camada, la temperatura ambiental o el número de parto se han relacionado también con la duración del parto. De este modo, un elevado número de partos de la cerda o un elevado tamaño de la camada aumentan su duración, mientras que un cierto nivel de ejercicio durante la gestación la reduce.
Durante la lactación: La cantidad y calidad del calostro y leche materna, así como la correcta sincronización del comportamiento de la cerda y el lechón son fundamentales durante la lactación para favorecer la vitalidad del lechón. De nuevo, evitar los factores estresantes es fundamental como se ha descrito para evitar amamantamientos falsos. Algunos autores han descrito diferencias entre genéticas y entre cerdas en la duración de la eyección de la leche y la frecuencia de amamantamientos, aunque su influencia sobre la supervivencia del lechón no se ha determinado claramente.
Conducta maternal post-parto: Uno de los aspectos que más se han vinculado a la supervivencia del lechón es la agresividad, que puede conllevar la muerte de un cierto número de lechones. Este fenómeno es más frecuente en cerdas primerizas y algunos autores lo han asociado a un componente genético. Sin embargo, existen otros rasgos conductuales de la cerda como la «pasividad» o «inmovilidad» post-parto que también ya se han descrito previamente como factores clave para mejorar la supervivencia de los lechones.
En este sentido, se ha visto que las cerdas primerizas con mayor tendencia a ser agresivas ante sus lechones también mostraban una mayor nerviosismo y reactividad frente a sus lechones durante los primeros días de vida, respuestas que estos autores asociaron con la incapacidad de estas primerizas a adaptarse al ambiente restrictivo del parto.

Estrés y grupos
El destete representa una de las fases más críticas en la vida productiva de un lechón, puesto que allí se suman una serie de factores estresantes y cambios  fisiológicos. Debe considerarse que en condiciones naturales los lechones serían destetados de forma gradual a lo largo de unas 11 semanas (entre las 9 y 20-22 semanas). Por lo tanto, el destete brusco que experimentan los lechones entre las 3-4 semanas de vida en sistemas intensivos contrasta con el desarrollo natural de este proceso. Probablemente, esta es una de las causas que explican la tasa de mortalidad importante que se observa durante esta fase (3-4%) y el empeoramiento de los índices productivos.
A grandes rasgos, en el momento del destete el lechón se enfrenta a tres grandes situaciones no experimentadas previamente. En primer lugar,  factores estresantes nutricionales (de leche materna a concentrado), físicos (cambio de ambiente, temperatura) y psicológicos (separación de la madre y hermanos, mezcla de camadas, manejo).
En segundo lugar, el intestino delgado del lechón experimenta cambios morfológicos e fisiológicos importantes durante las 24 horas tras el destete, fundamentalmente una atrofia de las vellosidades, una hiperplasia de las criptas intestinales, una reducción de la actividad específica de algunas enzimas como la lactasa y sucrasa, y la reducción de la capacidad de absorción.
En tercer lugar, durante esta fase se producen brotes frecuentes de diarrea asociada a la proliferación de bacterias enterotoxigénicas en el intestino delgado y/o la fermentación de los nutrientes menos digestibles de la dieta en el intestino grueso. El efecto combinado de estos tres grandes cambios produce una situación de bajo consumo de alimento, pérdida de peso o bajo crecimiento, diarrea e incluso muerte, lo cual afecta tanto el bienestar del lechón como los rendimientos productivos. Según algunos autores esta situación puede durar hasta 14 días tras el destete y representar un 25-40% de reducción de la tasa de crecimiento per se comparado con lechones que permanecieron con su madre.
Un dato importante a considerar en este sentido es que diversos estudios han demostrado que tanto un peso más elevado al nacimiento como la semana después del destete reducen considerablemente en el número de días necesarios para que los cerdos consigan el peso sacrificio.

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