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Impacto del miedo en el manejo (I)

30 de junio de 2009 - 23:08

sello-bienestar-animal

Por el Dr. Rodolfo Acerbi

Docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil

«Quedó paralizado por el miedo» se escucha decir con asiduidad para graficar las situaciones críticas que le ocurren a una persona, lamentablemente con mucha frecuencia en nuestra sociedad.
Esta frase se puede aplicar también al manejo de los bovinos.
Le Doux, en 1994, afirmaba que el miedo es una emoción universal en el reino animal, que mueve a los mismos para evitar a sus depredadores. Todos los vertebrados pueden ser condicionados por el miedo.
También lo podríamos expresar en el sentido positivo: todo vertebrado puede ser conducido por el buen trato.

El área con círculos concéntricos es el amplio campo de visión. El pequeño triángulo oscuro frente al animal es el campo binocular con percepción profunda (25° a 50°). El área con círculos concéntricos es el amplio campo de visión. El pequeño triángulo oscuro frente al animal es el campo binocular con percepción profunda (25° a 50°).

Por su naturaleza y ante nuestra presencia, los bovinos nos ven como sus depredadores y tratarán de agruparse y huir dentro del potrero donde se encuentran. El mencionado autor también afirma que el acondicionamiento del miedo se desarrolla a través de un circuito en el cerebro subcortical, y que es difícil erradicar una respuesta condicionada por esta sensación. Ello requiere que el animal suprima el recuerdo del miedo, mediante un proceso activo de aprendizaje.
Un único proceso atemorizante puede producir una fuerte respuesta condicionada, pero es difícil extinguir esta reacción al miedo.
Por su parte, Temple Grandin informó que observaciones realizadas en explotaciones norteamericanas muestran que «para evitar que el ganado adquiera sentimientos de rechazo o miedo frente a una nueva manga de compresión o un nuevo sistema de corrales, es necesario tomar todos los recaudos para que los mismos no reciban un tratamiento doloroso o atemorizante la primera vez que pasen por esas instalaciones».
Hemos dicho que los bovinos pueden recordar por mucho tiempo tanto situaciones dolorosas como buenos tratos (diversos trabajos mencionan que pueden hacerlo hasta por tres años). Por ende, el sólo hecho de percibir que se dirigen a ese sitio, les generará miedo y tratarán de huir.
Obviamente, la manga de trabajo reúne todas las condiciones para ser la primera candidata en cumplir con ese rol tan negativo, si aplicamos el manejo «tradicional».
Recordemos también que el bovino tiene una visión excelente en lo panorámico y de tipo binocular debido a la ubicación anatómica de sus ojos, situación que le permite ver al depredador con gran detalle a muchos metros de su posición e iniciar, por consiguiente, una oportuna huída.
Todo lo contrario ocurre cuando el «objeto» está a corta distancia, debiendo su visión pasar un tiempo en tratar de «entender» qué es lo que está a escasos metros. Por lo tanto, el primer sentimiento será de alerta y miedo, más aún si el «objeto» está en movimiento.
Hacia sus laterales, el bovino tiene visión monocular, por los motivos anatómicos ya mencionados (Ver Gráfico Nº 1). Es por esto que cuando un bovino transita en los corrales fuera del ritmo del paso (trote, etc.) y se proyectan en el piso sombras y luces de los laterales (como si fuera la «cebra» de un senda peatonal) la visión del mismo no tiene el tiempo suficiente en acomodarse para una correcta lectura y transmite al cerebro que allí hay elementos sólidos (la sombra), debiendo esquivarlos saltando o desplazándose hacia los lados en forma violenta, causando inconvenientes para un desplazamiento deseado.
Al respecto, Grandin expresó que «esto es especialmente cierto cuando el animal es enfrentado súbitamente a un objeto que está en el piso (como por ejemplo un viejo envase plástico vacío, tan habitual, lamentablemente, en nuestras mangas). En la vida salvaje, las novedades y los sonidos o imágenes extrañas suelen ser señales de peligro.
La exposición gradual de los animales a las experiencias novedosas, permite que se acostumbren a estímulos indoloros que anteriormente les habían provocado una reacción de fuga. En algunas situaciones, lo novedoso atrae a los animales. El ganado vacuno y porcino suele acercarse y tocar pedazos de papel arrojados al piso». La autora observó que el mismo pedazo de papel hace que los animales reculen y salten para alejarse si se los obliga caminar hacia él.
Por lo tanto, el papel puede ser percibido como una amenaza en una situación y como algo inofensivo, en otra.

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