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Fernando Canosa, miembro de la Mesa de las Carnes y la SRA, sostiene que es responsabilidad de todos los actores de la cadena aprovechar el contexto para una industria que factura, al menos, US$ 9.800 millones por año.

Facundo SonattiFACUNDO SONATTI
facundo@motivar.com.ar
@facusonatti

La alta demanda de carne bovina en todo el mundo, el inicio de un proceso de normalización en el mercado local y la conformación de la Mesa de las Carnes, constituyen un combo irresistible para la industria a cielo abierto que representa la producción de carne bovina en la Argentina. Según el consultor Fernando Canosa, miembro de la Mesa de las Carnes y la Sociedad Rural Argentina, esa suma de elementos obliga todos los actores de la cadena a aprovechar la oportunidad.

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Millones de US$, es la suma de los gastos y la inversión que desembolsó la producción bovina en la campaña 2016/17

“Es la primera vez en la historia moderna argentina que un Presidente se ocupa personalmente del sector y eso repercute bien, porque, de hecho, el stock nacional viene creciendo a razón de un millón de cabezas al año”, sostiene Canosa.
En el marco del informe sobre producción de carne bovina, elaborado por MOTIVAR en el número de su 15° Aniversario, también aporta su visión del sector el gerente general de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), Fernando Storni.
“Estimamos que el 60% de los animales que llegan a faena salen del sistema de engorde, cifra superior a la que registra el Senasa, porque muchos de los establecimientos no están registrados”. En el país, son al menos 1.800 los feedlots productivos, localizados principalmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. “Santiago del Estero y el NOA han tenido un crecimiento muy importante en los últimos años”, sostiene también Storni.

Una autentica industria a cielo abierto
Parece mentira que, a diario, unas 54 millones de cabezas (bovinas) pasten los suelos de todo el país, constituyendo un capital de al menos US$ 36.000 millones que, como una cinta sin fin, circula a razón de 12 millones de cabezas faenadas por año, dando lugar a transacciones por US$ 9.800 millones solo en la pata primaria del negocio, es decir, la primera venta o cuando deja el corral.
Según un estudio del Instituto de Estudios Económicos y de Negociaciones Internacionales (IEEyNI) de la SRA, el gasto y la inversión del sector bovino en la campaña 2016/17 ascendieron a US$ 22.576 millones y generó 423.000 puestos directos de trabajo solo en el primer eslabón del negocio.

423.000. Son los puestos de trabajo directo que genera la actividad ganadera.

423.000. Son los puestos de trabajo directo que genera la actividad ganadera.

“La ganadería es clave desde los inicios de la fundación del país y es una de las pocas actividades que, desde el punto de vista económico, tiene una ocupación geopolítica nacional. Con respecto a la demanda de mano de obra, la cadena pecuaria es la más importante del sector agroindustrial: el 36% de los argentinos está vinculado laboralmente a ese segmento y, de ese porcentaje, un 20% está relacionado con la cadena de ganados y carnes. En síntesis, uno de cada nueve argentinos está vinculado a la actividad”, agrega Canosa. Y sigue: “Con la Fundación Producir Conservando analizamos el potencial productivo argentino y, contemplando datos de INTA y CREA, se estima que el 20% de los productores está con niveles de destete superiores al 80%, pero lamentablemente muchos otros están debajo del 50%”. Por último, el consultor privado aportó: “En un principio, pensamos los niveles de los productores menos eficientes hacia arriba, para lograr un promedio nacional del 75%. Hay países con contextos productivos más hostiles que el nuestro con niveles de destete del 78% (Australia) y 85% (Estados Unidos)”.

“Tenemos que elevar los niveles de destete del 62%. Es decir, más terneros por vacas. Y a su vez, debemos incrementar la recría con una mayor producción de novillos”.
Fernando Canosa (Mesa de las Carnes).

Para Storni, a pesar de los problemas climáticos que continúan generando inconvenientes en la eficiencia, y la suba de los precios del maíz tras la quita de retenciones que dejo jugadores ineficientes fuera de la cancha; el nivel de ocupación de los feedlots sigue con índices récord desde el año pasado en torno al 69%. “La situación buena que se dio hasta mitad de año en la relación compra-venta se revertió, lo que genera una pérdida en el ingreso al negocio y por eso, muchos productores buscan ahora sacar animales pesados sumándole más kilos en el corral”, analiza sobre la coyuntura.

Los azotes lógicos de la ineficiencia y la marginalidad

62. Es el porcentaje de destete que persiste en la ganadería local desde hace décadas.

62. Es el porcentaje de destete que persiste en la ganadería local desde hace décadas.

“En materia de eficiencia debemos tener en cuenta tanto aspectos internos como externos”, dispara el gerente de la CAF. “Los productores de punta ya han hecho las mejoras internas, pero hay cuestiones estructurales que debe delinear el Gobierno nacional. Los productores deben mejorar aspectos sanitarios, nutricionales y un manejo más fino en todo sentido, así como la adopción de tecnología, registros y procesos que, harán más eficiente toda la industria”, analiza.
“De cara a futuro, la tipificación de los productos para dejar de pensar en animales y poner el acento en la carne, es decir, no qué sino cómo, será fundamental. Las certificaciones (tengan o no un sello) de calidad, sustentabilidad, bienestar animal, etc., van a ir marcado la diferencia e incluso, como productor, te pueden llegar a dejar fuera de algunos mercados”, sigue Storni.
Y completa: “La implementación del mercado de futuros es una herramienta muy valiosa para reducir la incertidumbre. Ahora existe, pero hay que darle volumen”.
A su turno, Canosa arremete contra uno de los flagelos del sector.
“Aún hay una importante informalidad en la industria de la carne, tanto comercial e impositiva, como laboral y sanitaria. Lo bueno es que se está haciendo un trabajo mancomunado entre los distintos eslabones de la cadena y los organismos públicos para sanear la situación”.
“Si pensamos en la producción, tenemos que elevar los niveles de destete del 62%. Es decir, más terneros por vacas. Y a su vez, incrementar la recría con mayor producción de novillos. Sin embargo, Argentina se debe una revolución pastoril algo de lo que aún no se habla demasiado. En la medida que el país produzca más pasto, se podrá consumir también más granos, para la mayor producción de carne”, asegura Canosa.

“Los feedlots sigue en los niveles récord desde el año pasado en torno al 69% de ocupación”. Fernando Storni (CAF).

“La ganadería debería haber seguido el mismo camino que la agricultura, pero lamentablemente a partir de 2006, cuando se dio el golpe de gracia con el cierre de las exportaciones, la evolución de la mano de la creación de fideicomisos, grupos de productores que alquilaban campos para producir carne, etc., se frenó”, reflexiona el referente de la Mesa de las Carnes.
“Sin embargo, eso se vuelve a ver de a poco, como los pools ganaderos, más técnicos a campo, nuevas tecnologías, como los drones e imágenes satelitales para determinar la productividad del pasto a lo largo del tiempo. La incorporación de todo esto viene de la mano de las nuevas generaciones en el sector”, agrega Canosa. Y cierra: “Cada vez son más los jóvenes en las reuniones sectoriales que se organizan, como sucedió una década antes con la agricultura. Estamos en un momento soñado para la ganadería, un momento que pensé que no iba a llegar a ver, nuestra responsabilidad es no desaprovecharlo”.

La recolección de información y el seguimiento de los planes sanitarios son dos elementos centrales para mitigar las pérdidas que genera el sector por no atender la salud animal de forma certera.

En la ganadería argentina las enfermedades parasitarias generan pérdidas por $ 14.000 millones al año. A su vez, las reproductivas representan otros $ 6.300 millones; las infecciosas, $ 4.200 millones; y las carenciales, $ 3.500 millones. Es decir, un total de $ 28.000 millones.
Esa es la cifra de pérdidas que genera la falta de un manejo sanitario adecuado en la producción ganadera argentina, en base a un relevamiento que realizó la Cámara Argentina de Productos Veterinarios (Caprove), en 2015.
Para el Dr. Fernando Luna, referente del Laboratorio CDV, el rol de la sanidad en la producción es fundamental. “Todos sabemos la importancia que tiene, pero me pregunto si el productor está al tanto de su relevancia en los resultados económicos”, comienza. Y sigue: “Quizás, muchas veces, el ganadero tiene otras prioridades como el estado de los caminos o el acceso a electricidad, pero desde ya que también debe preocuparse por aplicar las vacuna en tiempo y forma, por ejemplo, o aplicar un plan antiparasitario”.
Por su parte y desde Biogénesis Bagó, Juan Cruz Muriel pone el acento en el veterinario. “Tenemos la obligación de seguir haciendo extensión, dando a conocer los beneficios y bondades de las tecnologías disponibles para intentar un cambio en la mentalidad del productor y ayudarlo a cumplir con el gran desafío de la producción eficiente”, afirma.

El principio de todos los males
La mirada del Dr. César Fiel, del área de Parasitología Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil, sobre la presencia de parásitos en la producción sostiene que, si se pone la lupa sobre la recría, está entre los primeros lugares en cuanto al impacto productivo. “Para los sistemas pastoriles, en aquellos animales desde el destete hasta la primera primavera, resultan claves los primeros siete u ocho meses. En ese periodo y sobre los 25 a 30 kilos de mermas si se presenta el problema de forma subclínica, debemos saber que al llegar las diarreas, estaremos hablando de pérdidas de hasta 50 kilos. En otras palabras: si un animal muere por problemas de parásitos, tiene que tener en cuenta que ya venía perdiendo de 50 a 60 kilos”, asegura Fiel.
Según Caprove, la inversión en antiparasitarios por parte de los productores ascendió a “solo” $ 430 millones, en 2015.
“A pesar del esfuerzo comunicacional y los más de 2.300 profesionales que han pasado por nuestros cursos, como así también los 2.600 ganaderos en nuestras charlas, no logramos el impacto que esperamos”, admite el profesional. Y sigue: “Sabemos que la transferencia de conocimiento no es sencilla, y los entes gubernamentales no destinan demasiado dinero en estas causas, por lo cual el ganadero no tiene real dimensión del problema que genera el tema parásitos y mucho menos a la resistencia de los antibióticos, que es otro gran tema que muchas veces pareciera perderse de vista”.
Pensando en la solución, Fiel asegura que algunos puntos no se negocian: “En recría hay dos desparasitaciones fijas, después del destete y la segunda quincena de noviembre; en el medio, quedan tres o cuatros muestreos parasitológicos que serían esenciales realizarlos entre otoño e invierno. No logramos trasmitir esto con claridad como para que se implemente”.
A su vez, refuerza que, los organismos oficiales que generan información no tienen herramientas de difusión, por lo cual los veterinarios pasan a tener un rol central a la hora de transferir la tecnología. “El productor necesita soluciones no solo conocimiento. Entonces, el veterinario debe darle soluciones en el marco del conocimiento”, aseguró.

La amenaza del norte
“En los últimos 20 años fue real el avance de la agricultura sobre las tierras más productivas del país, que dejo en muchos casos a la vaca destinada a zonas más marginales donde suele verse comprometida su condición corporal. Sabemos que las vacas que ingresan en un anestro nutricional profundo son muy difícil de preñar nuevamente”, repasa Muriel. Y avanza: “También es real que desde la misma época existen tecnologías que permitirían sortear estos obstáculos y mejorar los índices reproductivos, como la utilización de hormonas en protocolos de sincronización, para sacar a las vacas del anestro, hacer un destete precoz, realizar una correcta crianza de las hembras en su etapa de recría, suplementar nutricionalmente a los animales o sembrar pasturas. Es evidente que estas prácticas no se han masificado lo suficiente entre los productores como para provocar un impacto positivo en los índices del país”.
“Si tomamos solo la zona de control del norte de Santa Fe en adelante, y contemplamos 60 garrapatas por animal sobre un universo de 10 millones de cabezas, las pérdidas por este concepto ascienden a unas 80.000 toneladas de carne por año”, aporta algunas cifras el médico veterinario y consultor privado César Mattos sobre una de las principales problemáticas del sector.
“Más allá que el problema se circunscribe al centro-norte del país, su presencia es una problemática nacional ya que los flujos van de norte a sur, donde hay zonas de invernada”, amplia el profesional.
Sin embargo, el principal problema con respecto a este contratiempo en la producción, es que “no se lo reconoce como una enfermedad”.
Para Mattos, al no observarse las perdidas, no se hace un trabajo adecuado y se utiliza cualquier producto parasitario para combatir las garrapatas.
Luna va más allá y sostiene que, el gran ítem a mejorar es la toma de datos. “Si se quieren implementar mejoras debemos medir; así, el 95% del tiempo deberíamos destinarlo a hacer un buen diagnóstico y ocupar el 5% restante a ejecutar el plan”, señala el hombre de CDV.
Para Muriel, el rol de veterinario es clave en la comunicación y debería ser quien proponga, ejecute y lleve adelante los planes sanitarios. “Aún nos encontramos con productores que no cuentan con asesoramiento profesional, que toman sus propias decisiones y solo consultan al veterinario cuando tienen algún problema”.

Pietro di Campello (Campagro), Mariano de Bary (Teodelina) y Pablo Grahmann (San José del Oeste) son exponentes de una camada de productores que tienen a la eficiencia y la productividad como aspectos innegociables para el desarrollo de sus empresas agropecuarias.

Una nueva camada de empresarios agropecuarios se presta a replicar en la ganadería el cambio radical que la agricultura ya vivió. Una injerencia cada vez mayor de la tecnología, un rol profesional del manejo y la presencia indiscutible de mediciones y reportes periódicos, constituyen un combo innegociable para alcanzar altos niveles de eficiencia y productividad a campo.
Con la mirada puesta en esta nueva generación y en el marco del 15° Aniversario de MOTIVAR, para esta edición reunimos a tres profesionales de empresas con probada trayectoria para repasar los elementos sobresalientes de los distintos eslabones de la cadena productiva. En ese marco, MOTIVAR convocó a Pietro di Campello, director de Campagro; Mariano de Bary, director de Teodelina; y Pablo Grahmann, gerente Operativo y de Comercialización de San José del Oeste.
¿Dónde se llevó adelante este encuentro? En The Beer House Experience, un restaurante a puertas cerradas, donde los pormenores de la cría, la recría y el engorde fueron marinados con cervezas de la casa.

Excel en mano

Pietro di Campello

Pietro di Campello– Director de Campagro.
– Campos en Córdoba y Buenos Aires.
– La ganadería solo genera un 8% de la facturación.
– 1.500 vientres.
– 93% de preñez.
– Posee la cabaña Hereford
(aún en funcionamiento) más antigua del país.

Cabaña Tuyutí lleva 137 años haciendo cría en el país, tiempo suficiente para ser la firma más antigua, aún en actividad, entre las de raza Hereford.
Pietro di Campello, director de Campagro, una sociedad agroganadera que administra el establecimiento localizado en el sur de Córdoba, entiende a la producción ganadera como tradición.
“A pesar que la zona donde estamos se fue reconvirtiendo, para nosotros la ganadería representa un 8% de la facturación y debido a que el negocio va pivoteando, no queremos dejar atrás semejante carga genética. De hecho, alquilamos un campo para escapar del agua, asumiendo los costos que eso implica”, afirma el productor que tiene 1.500 vientres.
Campagro administra sus campos tanto el sur de Córdoba como el norte de Buenos Aires y en la cúspide de su versión ganadera llegó a tener 20.000 vientres en producción. “El 100% del campo es cabaña por lo cual todo lo que se hace es toro registrado o pedegree y así nuestro potencial toro vale más. El 20% del rodeo, -tanto macho, como hembra- se vende en remate y trabajamos dividiendo los lotes”, explica di Campello. Y sigue: “Los de excelencia se destinan a la agricultura, al igual que se destinarían los suelos intermedios, pero nosotros los tenemos con pasturas para ganadería con una carga en torno a 1,45 vacas por hectárea, logrando niveles de preñez cercanos al 92% promedio, desde hace muchos años, a tal punto que no solo es difícil superarlos, sino que es más fácil caer. A su vez, destetamos animales de 235 kg machos y 220 en hembras, ya que son suplementados desde los 30 días con crefin. Ya no hacemos ningún engorde a pasto, decidimos aumentar el volumen de cría y si el número de feedlot da en siete meses salimos con 460 o 480 kilos. Es decir, sacamos la recría a pasto del planteo”.
Para el ganadero es fundamental entender que el negocio agropecuario es una empresa y debe sustentarse en estrategias confiables.
“Hay que dejar atrás el “ver qué pasa”: hoy la tecnología nos permite medir más y al hacerlo podemos sacar mejores conclusiones para producir más, en menos tiempo”, sostiene di Campello. En un mundo cada vez más competitivo, remarca la flexibilidad que se debe tener frente a los cambios. “Quien no se adapte deberá alquilar o vender su campo, no veo lugar para los términos medios en este negocio”, sentencia.

En busca del equilibrio

Mariano de Bary

Mariano de Bary– Director de Teodelina.
– 2.190 hectáreas, en el sur de Santa Fe.
– 70% de la facturación es generado por la agricultura.
– 550 vientres.
– 90% de preñez.
– Persigue el equilibrio del
negocio entre la agricultura
y la ganadería.

“Producimos desde la genética hasta el novillo Hilton”, resume Mariano de Bary, director de Teodelina, compañía agropecuaria familiar que explota 2.190 hectáreas en el sur de Santa Fe. “Nuestro negocio se reparte un 70% agricultura y el resto ganadería, donde participamos de todos los ciclos de producción, en dos campos: Establecimiento 5 de Abril, en Elortondo; y Cabaña 14 de Abril, en Maria Teresa”. La firma destina 650 hectáreas a la actividad ganadera propiamente dicha, donde tiene unos 550 vientres que espera llevar a 1.000 en el mediano plazo. “Hace al menos 80 años que estamos presentes en la actividad, pero desde 2005 orientamos el planteo a agregar valor de los granos con la ganadería”, confiesa el productor.
Y agrega: “La expansión en el número de vientres se hará a través de una intensificación del uso del suelo”.
Las mediciones son un elemento central en la dinámica del negocio.
“Los índices de Teodelina parten de un sistema con vaca que entra a entore y terneros de 200 kilos promedio destetados con una tasa de extracción del 90%. Nos enfocamos en un sistema de servicio concentrado con dos pasadas de inseminación, donde si podemos, repasamos con los mismos toros que donan semen”, explica de Bary. Y completa: “A partir del año pasado, intentamos medir la conversión de la recría, a partir del uso de un aro de 1 metro cuadrado para medir volumen de pasto y producción dependiendo los animales”.
La ganadería está en expansión y entre las razones de esta nueva realidad, el productor del sur de Santa Fe señala que, el commoditie de granos es difícil que vuelva a los valores récord de hace un tiempo y a su vez, si se ordenan ciertas variables en el país, tanto en materia sanitaria como la apertura de mercados, hay una demanda grande de carne y nichos donde no hay muchos proveedores disponibles. “Es una apuesta de “faros largos”, y al ser la ganadería tranquila y lenta hay que subirse ahora a ese tren”, propone.
“Hay que aplicarle más agricultura a la ganadería”, resume el empresario y a modo de reflexión sostiene: “Antes los productores se desligaban del negocio en la venta. Particularmente creo que debemos integrarnos en toda la cadena, y si el objetivo es ser el supermercado del mundo, tendremos que apuntar a ser la góndola cara”.
En ese sentido, tanto para el hombre de Teodelina como los otros productores participes de la reunión, hay dos índices que se pueden mejorar relativamente fácil: engorde y destete. “Si hay buenas expectativas se le pueden sumar 30 o 40 kilos, generando un excedente de carne impresionante. Lo mismo para el criador, que invierte en mejorar su genética, atender mejor los servicios veterinarios, haciendo más eficiente toda la producción. Todo eso es solo posible si hay mercados externos. Creo que debemos apuntar al Pacífico sobre todo porque solo en China hay 300 millones de personas que pueden elegir cortes caros, productos que solo Argentina y Uruguay pueden ofrecer en calidad y cantidad”, analiza de Bary.

Una industria a cielo abierto

Pablo Grahmann

Pablo Grahmann– Administrador de San José
del Oeste.
– Cuenta con un total de 17.000 hectáreas.
– 6.000 vientres.
– Feedlot de 10.000 cabezas
por año.
– 50 empleados.
– Su función es transformar granos en carne.

El apellido Born está emparentado al suelo argentino desde fines del siglo XIX.
Hoy, uno de sus descendientes continúa con la tradición, explotando 17.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, donde transforma maíz en carne.
San José del Oeste es el nombre de la firma que tiene 6.000 vientres, siembra 5.000 hectáreas de maíz por campaña y explota un feedlot donde se terminan 10.000 cabezas por año (entre propias y de terceros).
Para Pablo Grahmann, administrador de la compañía y miembro de la Cámara Argentina de Feedlot, “la presencia de equipos multidisciplinarios, como en nuestro caso, donde un veterinario, un agrónomo y un contador, tomamos las decisiones, lograrán el cambio en la ganadería que la agricultura ya vivió”.
En San José del Oeste el 45% de la facturación pasa por la ganadería, pero demanda el 80% de los 50 empleados que tiene la empresa.
“Nos sirve como vehículo para agregar valor a los granos que producimos ya que básicamente tenemos un campo netamente ganadero, en Olavarría, y dentro de ese negocio repartimos en tres pilares el negocio: cría, recría y feedlot”, repasa Grahmann. Y completa: “Prestamos servicios para que el capital inmovilizado no resulte una carga a la hora de calcular la rentabilidad; por eso recibimos muchos terneros de afuera”.
La empresa nace como tal hace 14 años con una pastura de agropiro y festuca en la parte alta, de lo que es un bajo en plena Cuenca del Salado y llegó a tener 12.000 vientres, pero nada de recría.
“La cría tiene una inelasticidad atómica; nos agarró la seca 2008-2009 y nos sacó por la ventana. Cualquier maniobra de suplementar con rollo un campo de estas dimensiones es inviable y, al tener más cabezas, la eficiencia cae”, reconoce. Y sigue, “optamos por convertirnos en una empresa más atomizada, con 6.000 vientres en servicio, 90% de preñez y ahora sí, una parte de recría más un feedlot tanto de uso propio como con el servicio de hotelería”.
A partir de este cambio, todo lo que empezó a sobrar de campo, por la tecnificación de pasturas, empezó a recibir recría, con más margen que una cría al pie, sobre todo por los menores costos de movilidad.
Para poblar las hectáreas se comenzó a ofrecer un servicio, a partir de acuerdos con frigoríficos, que suelen comprar terneros para ser recriados y llegando luego al encierre, asegurando así el abastecimiento de animales pesados.
“Una de las ventajas de este modelo es que el negocio deja de verse de manera estacional. Lo que proponemos es sumar 170 kilos en un año, compartiendo porcentajes con el dueño de la hacienda en la etapa de recría, aunque no así en el corral. En esta última etapa, buscamos darle valor agregado a nuestro maíz mediante un servicio adicional, de engorde”, repasa.
Entre los contratiempos que aún sufre el sector, el hombre de la Cámara Argentina de Feedlot señala la existencia de problemas impositivos, con distorsión de alícuotas, donde en lo que pudo ser un muy buen negocio termina no siéndolo, desalentando de ese modo las inversiones. “También hay distorsiones entre provincias: mientras que en Buenos Aires se paga 1,75% de Ingresos Brutos, en otras no se paga. Es decir, se incrementa el costo de la cadena y termina impactando en el consumidor. Por eso ponemos el foco sobre la reforma impositiva de la que se tanto se habla, para evaluar cambios”, cierra Grahmann.