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¿Anestesiar o dormir a un paciente? ¿Es lo mismo?

Es clave que los veterinarios incorporen el concepto de anestesia balanceada: inducir inconsciencia, mantener un plano anestésico idóneo, así como analgesia y relajación muscular adecuadas. ¿Cómo se logra?

Por el M.V. Esp. MSc. Fernando Villarroel
fjvillamat@gmail.com. fjvillamat@hotmail.com

La mayoría de los médicos veterinarios que se dedican a la clínica de pequeños animales realizan maniobras en las que se necesita “anestesiar” al paciente.

Este término se resalta ya que la mayoría de las veces se mantiene dormido a la mascota mientras el procedimiento se realiza. Este enfoque del manejo anestésico pudiera considerarse unidimensional, ya que aun cuando anestesiar implica la supresión de actividad de la corteza cerebral de manera reversible, para que el animal no sienta dolor, sólo se está tomando en cuenta un aspecto de todos los que componen la compleja ecuación que es el acto anestésico.

Anestesiar a una mascota requiere un enfoque multidimensional en el que deben considerarse aspectos tales como:

  1. Una correcta clasificación ASA del paciente. Es un sistema de clasificación basado en estimar el riesgo anestésico para los distintos tipos de pacientes.
  2. Adecuada selección de las drogas anestésicas.
  3. Analgesia transoperatoria.
  4. Manejo de la vía aérea.
  5. Monitoreo de los parámetros.

Fomentar los grupos de trabajo

En la mayoría de los casos, los médicos veterinarios son al mismo tiempo cirujanos y anestesiólogos, aunque, en otras situaciones un asistente se encarga de inyectar la droga anestésica cada vez que el paciente se está despertando.

Esta metodología debe cambiarse y empezar a formar grupos de trabajo en los que un médico veterinario se encargue del acto quirúrgico y otro del manejo anestésico, de manera que las complicaciones anestésicas que puedan presentarse se resuelvan sin necesidad de suspender la cirugía y prolongar el tiempo de la misma.

Antes de realizar cualquier procedimiento quirúrgico, se debe evaluar al paciente de acuerdo a su riesgo anestésico y establecer su clasificación ASA. Así se trazará una estrategia anestésica individualizada y se evitará aplicar la misma receta para todos los pacientes. Esto permitiría seleccionar las drogas anestésicas más idóneas para cada caso, ya que es uno de los aspectos más críticos de la ecuación.

La mayoría de los procedimientos quirúrgicos se realizan mediante la administración de bolos inductores anestésicos de acción corta, los cuales han sido desarrollados para producir inconsciencia y no para mantener un plano anestésico y mucho menos proveer una adecuada analgesia y relajación muscular.

En vista de esta situación, se debe manejar el concepto de anestesia balanceada, es decir, inducir inconsciencia, mantener un plano anestésico idóneo, así como analgesia y relajación muscular adecuadas.

Para lograr estos tres aspectos, primeramente se deben seleccionar el inductor y gas anestésico de acuerdo a la condición de cada paciente. Igualmente se requiere proveer analgesia transoperatoria, ya que, si bien el paciente no siente, las vías nociceptivas se mantienen activas.

La administración de antiinflamatorios no esteroideos (AINES), previamente a la cirugía, y opioides durante la misma, garantiza la analgesia requerida y se disminuye la concentración alveolar mínima (CAM) de los anestésicos, reduciéndose el riesgo dependiente de la anestesia.

Mediante la intubación traqueal y el empleo de bloqueantes neuromusculares, se garantizará una vía aérea permeable para dar ventilación asistida y por otra parte una adecuada relajación muscular, sin necesidad de planos anestésicos profundos, que facilitarán las maniobras quirúrgicas y manipulación de los tejidos, aspectos subestimados en la mayoría de los procedimientos quirúrgicos.

Otro aspecto que debe tomarse en cuenta es el monitoreo de las constantes fisiológicas. Este se basa, principalmente, en la observación de aspectos cualitativos, tales como la medición de las frecuencias respiratoria, cardíaca y tiempo de llenado capilar, como indicadores de la función respiratoria y cardiovascular, sin embargo, aún cuando estos datos proveen información útil, son extremadamente subjetivos.

Aspectos a tener en cuenta

En casi la totalidad de los procedimientos quirúrgicos, al paciente se le mantiene ventilando de manera espontánea con oxígeno ambiental.

Esta situación representa un serio compromiso para la oxigenación tisular debido a que la mayoría de los anestésicos disminuyen la capacidad de respuesta del centro respiratorio a los aumentos de concentración de CO2 sanguíneo, e igualmente deprimen los músculos respiratorios, reduciendo la cantidad de oxigeno movilizado para el proceso ventilatorio. Por lo que, aun cuando el paciente tenga una frecuencia respiratoria adecuada, no estará alcanzando el volumen tidal necesario para mantener el grado de saturación y presión parcial de oxígeno sanguíneo requeridos para garantizar los niveles de oxigenación tisular y evitar desequilibrios ácido-básicos.

La medición de la frecuencia cardíaca y el tiempo de llenado capilar no son indicadores confiables de la condición hemodinámica del paciente, ya que todos los anestésicos deprimen la actividad inotrópica del corazón y el tono vascular produciendo hipotensión, en consecuencia la primera medida compensatoria del organismo es el aumento de la frecuencia cardíaca, por lo que, aun cuando este parámetro se encuentre dentro de los valores fisiológicos, el paciente pudiera estar hemodinámicamente muy comprometido, independientemente de que tenga un buen tiempo de llenado capilar.

Otro aspecto subestimado es la fluidoterapia transoperatoria, ya que en ocasiones no se selecciona el fluido más idóneo, así como los volúmenes y velocidades de infusión no son los más adecuados.

Primeramente, deben administrarse fluidos de reemplazo. Los volúmenes y velocidades de infusión deben calcularse en base al sangrado esperado durante el procedimiento o midiendo la producción de orina durante el acto quirúrgico, de esta manera se evitará la sub-hidratación de los pacientes que, junto a la hipotensión y disminución de la volemia, podrían provocar una insuficiencia renal aguda o en caso contrario, una sobre hidratación y el riesgo de edema pulmonar, situaciones que comprometen seriamente la integridad del paciente.

Es imperativo cambiar el enfoque del manejo anestésico de los pacientes e invertir en máquinas anestésicas, equipos de ventilación y de monitoreo de los parámetros fisiológicos. No menos importante es nuestra formación profesional, dada la importancia de una buena anestesia en el éxito final del procedimiento quirúrgico y recuperación post anestésica de las mascotas, ya que definitivamente, no es igual anestesiar que mantener dormido a un paciente.

* El autor de este artículo forma parte del Hospital Veterinario Universitario “Dr. Guillermo Carrillo”. Unidad de Investigaciones Quirúrgicas Veterinarias. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM). Coro, Estado Falcón.

 

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