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TERCER OUTLOOK DE LA CADENA LÁCTEA NACIONAL

“Argentina es un país de tambos grandes y bajos costos de producción”

La definición de Hugo Quattrochi, investigador asociado al IFCN Dairy, parece describir una realidad ajena a la coyuntura. Sin embargo, es parte del presente y uno de los pilares para desarrollar las potencialidades del sector.

 

Facundo SonattiFACUNDO SONATTI
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En la antesala del salón San Agustín en la sede de Puerto Madero (CABA) de la Universidad Católica Argentina, muchos apellidos emblemáticos vinculados al sector lechero nacional, como Mastellone, Williner, Molfino, García y Espiñeira, entre otros, se dieron cita para asistir al 3° Outlook de la Cadena Láctea 2018.
La propuesta, organizada por la Fundación PEL, expuso la necesidad de sortear las dificultades que atraviesa esta actividad y planteó la posibilidad de desarrollar las históricas potencialidades del rubro. Estos fueron motivos suficientes para que allí se convoquen los popes de la industria en una jornada repleta de ideas, con muchos números, algunos títulos, pero aún muy pocas definiciones.
Para el presidente de la Fundación PEL y miembro del INTA, Ing. Agr. Miguel Taverna, el desafío significa acción y por eso hay que recuperar un pensamiento estratégico, “ya que ordenando el futuro se ganará eficiencia en el presente, sin descuidar las problemáticas de la coyuntura”.

Ing. Agr. Miguel Taverna. El presidente de Fundación PEL en el cierre del tercer Outlook Lechero 2018.

Ing. Agr. Miguel Taverna. El presidente de Fundación PEL en el cierre del tercer Outlook Lechero 2018.

Camino a la competitividad pérdida
El consultor de empresas e investigador asociado al centro de investigación IFCN Dairy, Hugo Quattrochi, rompió el hielo con una definición de manual sobre la competitividad: “Para la consultora Zorraquín + Meneses es un blanco móvil que, cuando uno cree acercarse, se mueve. Y como saben, ese blanco en Argentina se mueve más que en cualquier otro lado”.
Ante un salón colmado, donde se lo pudo ver al Secretario de Ganadería de la Nación, Rodrigo Troncoso; al Ministro de Agroindustria de Buenos Aires, Leonardo Sarquis y el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pellegrina, una de las definiciones más resonantes fue la que aportó Quattrochi sobre la escala de nuestro país como productor lácteo.

¿PODEMOS SEGUIR HACIENDO LO MISMO Y SER COMPETITIVOS?

La dupla conformada por Patricia Engler (INTA) y Alejandro Palladino (AACREA) representó al team que describió la realidad tranqueras adentro e intento responder el interrogante. “En materia de producción primaria existe un enorme margen de mejora. Algunas necesitan una fuerte inyección de capital y otras tienen que ver con la mera gestión de los recursos en el sistema”, comenzó Engler la descripción de un trabajo que reunió una serie de entrevistas para analizar el presente del sector en las principales cuencas lecheras del país.
“Los cuatro aspectos claves a mejorar tienen que ver con el manejo de la estructura y los recursos, la gestión, las condiciones de vida y trabajo, y el cuidado del ambiente. Trabajar sobre ellos, redundará en cambios en la productividad”, señaló la especialista del INTA.
“Entre las conclusiones que podemos mencionar que los recursos humanos tienen una antigüedad promedio que no supera los cinco años en el 70% de los tambos. Es decir, hay una enorme rotación en el sector”, describió. Y completó: “Esto sucede porque solo el 40% de los encuestados definió como “general bueno” el estado de la estructura de la casa que habitan. En cuanto a la estructura de los tambos, Palladino avanzó: “Mientras que la vida útil de un tinglado de ordeño promedia 24 años, encontramos que un 12% de los casos tienen más de tres décadas. Con las ordeñadoras pasa lo mismo: estamos cosechando leche con equipos obsoletos. En el 55% de los casos las usinas de ordeñe tienen más de 10 años”.
“Todos son todos factores que extienden los plazos y empeoran las condiciones de trabajo”, se lamentó Engler y continuó aportando datos: “Solo el 48% de los campos tienen sombra en la sala de espera y apenas el 9% cuenta con aspersores y ventilación”. A su turno, Palladino comentó: “Sino medimos es difícil saber a dónde estamos parados y cómo podemos mejorar. Sino medimos, no sufrimos y sino sufrimos, no cambiamos”.

“Hay que mirarse desde afuera para ver qué nos amenaza y qué nos fortalece. Argentina es un país de tambos grandes, solo once países en el mundo tienen más de 100 vacas en promedio, por unidad productiva; y apenas siete de ellos (entre los que estamos nosotros) son importantes jugadores globales”, lanzó. Y fue más allá: “Paradójicamente, aunque muchos hoy no pueden pagar sus cuentas a fin de mes, Argentina está entre los países con menor costo de producción si se miden series históricas, siempre versus el contexto mundial”.
Al bucear más en el sustento de esos bajos costos, Quattrochi hizo foco en la mano de obra. “Tiene una competitividad frágil, porque los salarios son relativamente bajos en la escena mundial, similares a los de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), pero basados en niveles de productividad igual de bajos”, sentenció.
Para el consultor, en la otra cara de la moneda, Argentina tiene disponibilidad de tierra y agua como casi ningún país en el mundo. A su vez y a pesar de los $ 4.000 de la tonelada de alimento balanceados, es un país económico para generar leche a partir de concentrados, según el análisis de una serie histórica en comparación a otros lecheros, como Nueva Zelanda. Sin embargo, el nuestro es el único país, junto con Irlanda, que en una serie de 10 años (sobre sistemas de pastoreos intensivos o estabulados) cruza la línea una vez cada dos años, denotando la variabilidad de la economía local.

Frentes globales
Los tambos en la Argentina deben crecer con fondos genuinos, es decir, pueden hacer inversiones sólo con lo que rebalsa el vaso, porque el financiamiento es caro. Mientras tanto, en el mundo, hay países donde entre el 25 y hasta un 50% de sus activos están sustentados en deuda.
“Sin embargo, en un contexto donde el dinero es caro, como el mercado local, los productores no han sido sonsos y en los últimos años, invirtieron en bienes que generan ingresos, como son las vacas y el alimento”, comentó Quattrochi.
El investigador del IFCN Dairy hizo también un punteó de los desafíos globales que más temprano que tarde también llegarán a la industria láctea local.
Un rol creciente y más demandante del consumidor, esquemas que mutan de granjas familiares a empresas comerciales, nuevas exigencias medioambientales, de bienestar animal y una convergencia global de costos, son solo algunos.
“El consumidor y las regulaciones ambientales son factores que cobran cada vez mayor preponderancia en el desarrollo de la industria y operan como limitantes para el crecimiento. En Argentina se asocia al bienestar animal con retirar a las vacas del barro, pero en el mundo ya se habla de la mínima composición corporal que debe tener cada animal”, señaló Quattrochi. Y continuó: “La Argentina combina ventajas únicas con características restrictivas decididas principalmente por la micro y la macro que vulneran el futuro. El contexto mundial nos obliga a ser competitivos en ciertas cosas que debemos atender y no nos preocupan. En la medida que nos insertemos en el mundo, deberemos ganar competitividad allí. Mientras tanto, la tierra y las vacas se moverán siempre hacia el mejor productor”.

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