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El cansancio nuestro de cada día

En los últimos tiempos, hemos presenciado una serie de acciones y disertaciones (inclusive en nuestro último evento aniversario) en las cuales se analiza el vínculo actual entre las distintas generaciones que cohabitan en los ámbitos laborales.

Más allá de la descripción en sí de los diversos grupos etarios y sus características distintivas, durante estos encuentros suele propiciarse un interesante debate en torno a los jóvenes y el trabajo, detallándose (por parte de las generaciones de mayor edad) la supuesta falta de una cultura orientada a los temas laborales y el esfuerzo que durante los mismos se debería manifestar en aquellos que “recién empiezan”.

Ahora bien, ¿todos estamos de acuerdo en que lo más importante es trabajar?

¿A eso nos referimos cuando hablamos de “cultura del trabajo”? ¿Qué se le critica a las nuevas generaciones? ¿Que no trabajan o que no viven para trabajar?

Todos estos planteos y el sinnúmero de opiniones que podríamos llegar a recibir al respecto en lectores@mo­ti­var.com.ar ponen de manifestó un tema que se aborda generalmente de manera subliminal: el comprensible cansancio de ejercer todos los días las mismas tareas.

Lógico es que tengamos que trabajar e ideal sería que todos pudiéramos hacerlo de aquello que realmente nos apasiona. Pero así y todo, no caben dudas de que la rutina, las expectativas no siempre cumplidas, los bajones anímicos personales, los contextos desfavorables y la relación con clientes, compañeros o jefes, terminan afectando nuestro rendimiento físico y psicológico.

¿Qué hacemos entonces?

Seguir para adelante, sin dudas. Pero ¿cómo?

Daría la sensación de que tanto el sector industrial veterinario, como el de los profesionales que desempeñan su actividad profesional a campo (grandes y pequeños animales) estarían “corriendo el año desde atrás”, intentando cumplir con objetivos pautados en un contexto diferente al actual y en un año, al cual parecerían estar faltándole al menos uno o dos meses.

En ese contexto (valga el paralelismo para con los medios de comunicación específicos del rubro) una de las pocas soluciones que se vislumbran está directamente vinculada con los grupos de trabajo y los roles que cumplen las personas dentro de ellos.

Si bien tiempo atrás la responsabilidad de llevar adelante el día a día de las empresas dependía de un grupo cerrado de personas (cuando no de una sola), hoy las mismas comienzan a delegarse o a dividirse en busca de que el ritmo de trabajo no se sienta afectado. Porque parar, no es una opción.

Una vez más, serán los equipos con liderazgos alternados (al menos los que se vinculan con temas motivacionales) los que permitan avanzar en la obtención de los mejores resultados posibles.

Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Es en esa dicotomía en la que se ponen en juego las tendencias laborales. No sólo en Argentina y no sólo en los jóvenes.

¿El resultado? Lo verán, con suerte, otros.

Démosles una posibilidad.

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